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SÁBADO | 2 de junio del 2007 | Guayaquil, Ecuador
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Fingen que uno los chocó para exigir plata
Para evitar estafas o robos, quiero contar lo que les pasó a mis suegros:
Habiendo ellos ido a cierto mall de la ciudad, parquearon su carro con su parte delantera hacia la pared. Una vez realizadas sus gestiones, volvieron al sitio del estacionamiento y se subieron al carro sin percatarse de nada extraño, y se dirigieron hacia la salida del centro comercial, por la avenida Amazonas.

Mientras esperaban poder salir, se fijaron que un taxi aparentemente nuevo se detuvo junto a la rampa, y que del mismo se bajaban unas personas con ternos y gafas.

Una vez que mis suegros esperaron ahí y tuvieron la vía libre, casi enseguida ese taxista les cruzó el vehículo y les reclamó porque, supuestamente, le habían rozado el carro.

Mi suegro le dijo que él no había sido, que no había rozado a nadie. Enseguida el taxista de manera enérgica, les exigió que se fijen en la parte delantera de su carro, que tenía huellas amarillas de la rozadura que le habían hecho al taxi. Mi suegro nuevamente le respondió que eso era falso, y se fue.

Al llegar a su casa mis suegros vieron que a lo largo del guardachoque delantero de su automotor, había una raya amarilla recién hecha que parecía trazada con pincel y pintura de caucho amarilla.

No permitamos que intenten estafarnos o asaltarnos de esta manera tan pueril.

Pedro E. Freile M.
músico, Quito
Aumentan los asaltos

El sábado 3 de marzo último, con un grupo de amigos, nos transportamos a Ballenita a la casa de uno de ellos tal como lo hacemos todos los años, pero en esta ocasión en la madrugada del domingo 4, fuimos víctimas de un robo.

Cuatro sujetos armados con pistolas y cuchillos nos robaron absolutamente todo: teléfonos celulares, billeteras, maletas con toda la ropa (muchos de nosotros tuvimos que regresar luego a Guayaquil con las prendas que usamos para dormir).

Mientras ocurría el robo, un amigo intentó llamar al 101 de la Policía  desde su celular, consiguiendo que su llamada sea ruteada a una comisaría de Manabí, pero fue sorprendido por uno de los delincuentes y recibió golpes de parte de todos ellos. Al finalizar el robo, aproximadamente a las 03:30, llamamos insistentemente a la Policía de Santa Elena y esta se presentó a las 5:00, una hora y media después del hecho, solo para tomar nuestras declaraciones. Ante nuestra solicitud de que permanecieran cerca de la casa hasta las 06:00, en que amanecería para ir a presentar la denuncia; las respuesta de ellos fue que debían andar patrullando y por eso no nos podían ayudar.

Indigna el “servicio” que ofrece la Policía Nacional. No puede ser posible que alguien arriesgue su vida tratando de comunicarse con esta mientras le están robando, y que exista tan poco interés de ayudar.

Ángel Campos,
Guayaquil

Ante el aumento del índice delictivo, es importante que los administradores de las ciudadelas privadas vía a Samborondón, reciban mayor instrucción.
Pues, si cierto administrador de una de esas urbanizaciones no hubiera dejado pasar a personas ajenas a la ciudadela, sin ningún tipo de instrucción de autoridad competente, yo no hubiera sufrido el robo de dinero, ni abuso en la propiedad que habitaba en la manzana 1, villa 11, de una ciudadela “cerrada”.

El 8 de mayo, a las 14:00, el patrullero 002 que fue llamado desde mi celular, arribó dirigido por un sargento de la Policía Nacional y dio con su equipo una acción muy eficiente al poner orden, pues gracias a Dios yo llegué a tiempo. Las autoridades fueron reportadas sobre el hecho y han tomado cartas en el asunto, pero en resumen, en ningún lado se puede estar confiado, pues los delincuentes hasta se disfrazan de guardianes privados. Una ex vecina también manifiesta haber sufrido un robo días antes, encontrándose con la sorpresa al regresar de la playa.

Quienes hemos estado trabajando de manera directa en entidades como el 911 (Asesoría del Programa de Operaciones) conocemos que esas fallas deben ser sancionadas de manera ejemplar, para que no se repitan. Ya es hora de cambiar a personal ineficiente. Gracias Policía Nacional, por su impecable actitud.

Roger Guaranda,
médico, Guayaquil

Aumentan los asaltos (II)

Habrá que hacerle frente a la delincuencia con nuevos sistemas, métodos y estrategias.

Por ejemplo, si hubiera un sistema de recompensa económica, para que cualquier ciudadano pueda denunciar los lugares donde se esconden y frecuentan estos individuos, seguro que disminuiría el peligro en nuestras calles.

En cada barrio, en cada sector, se conoce el paradero de ellos, entonces, se requiere que el Gobierno central, por medio de las gobernaciones provinciales, trabajen con los cuerpos especializados de inteligencia  de las Fuerzas  Armadas para enfrentar esta situación que se ha vuelto un flagelo o epidemia  para la población. Otra  forma sería  de contratar detectives o policías privados para descubrir las actividades de los delincuentes.

Es tema de todos los días que haya crímenes en hogares, calles, carreteras. Ninguna persona se encuentra segura. La vida del ciudadano está en riesgo porque puede ser asaltado  y asesinado. Es  hora de decir ¡basta!, y hacer algo más que rezar y marchar.

Gilberto  Ramos,
ingeniero industrial. Guayaquil

Más angelitos siguen cayendo víctimas de la indolencia de la delincuencia que nos asfixia, y sobre todo, de la inercia de nuestras autoridades.

¿Cuántos niños más tendrán que caer? ¿Cuántas marchas blancas más tendremos que realizar los ciudadanos indefensos ante la delincuencia y nuestras autoridades?, ¿o será que tendremos que cambiarle el color a las futuras marchas, para ver si así son escuchadas nuestras voces?

Nuestras cortes de “Injusticia”, porque justicia no imparten, se muestran indolentes para poder aplicarla, pues no sienten en carne propia el dolor de perder a un ser querido en manos de sanguinarios delincuentes.
Nuestros “honorables padres de la patria” continúan enfrascados en discusiones sin ninguna trascendencia, mientras el debate de las leyes que endurezcan las penas a estos asesinos, duermen el sueño eterno. Claro, esto es comprensible, ellos no tenían hijos de apellido Fabara, Delgado, y otros más; entonces, ¿para qué preocuparse por algo que no es de su interés personal?

Nuestro Presidente en un combate atroz con la prensa con la que se muestra inclaudicable y temperamental, con ese mismo temperamento quisiéramos verlo al momento de fustigar la inoperancia de quienes son los llamados a defendernos. Sí señores, hay lágrimas, ¿cuántas más tendrán que derramarse para que seamos escuchados?

Jorge Luna Jijón,
Guayaquil

Aumentan los asaltos (III)

Esta es la tercera vez que vez que hago esta denuncia, las dos ocasiones anteriores fueron vía telefónica al call center de la Metrovía, lo cual al parecer no ha hecho ningún efecto.

 Uso poco la Metrovía; a lo largo de dos meses no la he utilizado más de ocho veces, de las cuales cinco he visto este tipo de robo que existe y he sido víctima: los ladrones activan los torniquetes con radios de comunicación que tienen los guardias de seguridad, o sea, de las personas que nos “brindan seguridad”. En todos los casos el cobrador recibe el dinero y al momento de pasar el guardia o el de limpieza, ya han activado el torniquete con la radio que la colocan cerca del tarjetero; al instante que los usuarios esperamos la luz verde para pasar, estas personas dicen que está dañado. Las últimas dos veces que me ha sucedido he reclamado y les he dicho que  no paso hasta que se encienda la luz verde, pero como todos sabemos el sistema es de uso masivo, la pérdida que se genera ha de ser considerable.

Los paraderos en los cuales he podido observar estas anomalías son: ciudadela Nueve de Octubre (sur-norte), Centenario (sentido sur-norte) y Las Peñas (sur-norte). Hago un llamado a todas las personas que puedan hacer algo para detener estas irregularidades, que lo hagan  para que ya no continúen.

Jorge Salas S.,
técnico, Guayaquil

Nueva moda en Guayaquil es esta: se ha hecho cosa corriente que cuando una persona se despide de otra le dice, “¡chao, cuídate!”.

¿Será que la gente ha aprendido a vivir asustada ante el auge de la criminalidad?

Rodolfo Pérez Pimentel,
Guayaquil

Ante denuncias  aparecidas en medios de comunicación sobre estafas que han efectuado empresas comerciales con indebidos cobros de intereses, comisiones y engaños con falsos “combos”, entes del Estado como Defensa del Consumidor, Defensoría del Pueblo, Fiscalía General de la Nación, deberían actuar para que esos perjuicios no queden en la más absoluta impunidad.

Igual debe procederse con bancos que prevalidos de órganos de presión como la Central de Riesgo (lista negra) de la Superintendencia de Bancos, han presionado a muchos clientes a pagar cuentas alegres, por lo cual la SB debería hacer un examen de los grandes daños a la comunidad y obligar las devoluciones. La comunidad debe denunciar, y el Gobierno, Congreso y Policía parar los abusos, como a los prestamistas e ilegales casas de empeño, con medidas ejemplarizadoras contra los perjudicadores.

Howard A. Pine León,
ingeniero, Guayaquil

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