Sábado 02 de junio del 2007 Cartas al Director

Aumentan los asaltos (II)

Habrá que hacerle frente a la delincuencia con nuevos sistemas, métodos y estrategias.

Por ejemplo, si hubiera un sistema de recompensa económica, para que cualquier ciudadano pueda denunciar los lugares donde se esconden y frecuentan estos individuos, seguro que disminuiría el peligro en nuestras calles.

En cada barrio, en cada sector, se conoce el paradero de ellos, entonces, se requiere que el Gobierno central, por medio de las gobernaciones provinciales, trabajen con los cuerpos especializados de inteligencia  de las Fuerzas  Armadas para enfrentar esta situación que se ha vuelto un flagelo o epidemia  para la población. Otra  forma sería  de contratar detectives o policías privados para descubrir las actividades de los delincuentes.

Es tema de todos los días que haya crímenes en hogares, calles, carreteras. Ninguna persona se encuentra segura. La vida del ciudadano está en riesgo porque puede ser asaltado  y asesinado. Es  hora de decir ¡basta!, y hacer algo más que rezar y marchar.

Gilberto  Ramos,
ingeniero industrial. Guayaquil

Más angelitos siguen cayendo víctimas de la indolencia de la delincuencia que nos asfixia, y sobre todo, de la inercia de nuestras autoridades.

¿Cuántos niños más tendrán que caer? ¿Cuántas marchas blancas más tendremos que realizar los ciudadanos indefensos ante la delincuencia y nuestras autoridades?, ¿o será que tendremos que cambiarle el color a las futuras marchas, para ver si así son escuchadas nuestras voces?

Nuestras cortes de “Injusticia”, porque justicia no imparten, se muestran indolentes para poder aplicarla, pues no sienten en carne propia el dolor de perder a un ser querido en manos de sanguinarios delincuentes.
Nuestros “honorables padres de la patria” continúan enfrascados en discusiones sin ninguna trascendencia, mientras el debate de las leyes que endurezcan las penas a estos asesinos, duermen el sueño eterno. Claro, esto es comprensible, ellos no tenían hijos de apellido Fabara, Delgado, y otros más; entonces, ¿para qué preocuparse por algo que no es de su interés personal?

Nuestro Presidente en un combate atroz con la prensa con la que se muestra inclaudicable y temperamental, con ese mismo temperamento quisiéramos verlo al momento de fustigar la inoperancia de quienes son los llamados a defendernos. Sí señores, hay lágrimas, ¿cuántas más tendrán que derramarse para que seamos escuchados?

Jorge Luna Jijón,
Guayaquil

Cartas al Director

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.