Libro. Su obra poética se encuentra reunida en un volumen de reciente publicación: Abrazadero y otros lugares.
Roy Sigüenza comenzó a publicar a inicios de la década del noventa. Eran ediciones de pocos ejemplares, de escasa circulación. Pero sirvieron para dar a conocer a esa voz poética que surgía desde Portovelo, desde el pueblo minero orense que ahora es Patrimonio Cultural e Histórico del Ecuador. Tras más de 15 años de trabajo, de varios libros publicados, de una palabra distinta y de algún modo disidente, surge un volumen antológico: Abrazadero y otros lugares, que recoge gran parte de la obra del autor.
La edición y el estudio introductorio corrieron a cargo de Cristóbal Zapata. El volumen inauguró la colección Último round, publicada por la Casa de la Cultura del Azuay y la Universidad de Cuenca. Sigüenza está satisfecho. El libro le ofrece la oportunidad de ver reunida su poesía, de incluir algunos versos inéditos y de que se difunda más. “No había ni cómo conseguir yo mismo un librito mío. Los textos se agotaban, no porque sea leído, sino porque las ediciones eran minúsculas”, dice con humor.
Su trabajo literario tiene una particularidad: el homoerotismo que cruza gran parte de su poesía. ¿Cómo y por qué decidió asumir esa voz?
No tengo reparos y no los he tenido. Claro que a veces da susto reconocer lo que para los demás podría ser una falla, pero me respalda mucho la historia de la cultura, la escritura de otros poetas y en general escritores y artistas. De hecho en ese aspecto no he sentido orfandad y por eso ningún tipo de dolor al aceptar una diferencia entre comillas, que realmente no lo es. Es tan natural como ver crecer un árbol, solamente que de una especie diferente, en el bosque. Pero si se refiere a poetizar con el tema...
Exacto. Usted poetiza el tema en su obra literaria.
Bueno, Ecuador tiene antecedentes, lo que pasa es que el lenguaje de la poesía puede ser un encubrimiento. El lenguaje de la poesía se presta para encubrir este tipo de verdades del cuerpo y si rastreamos encontramos que una gran mayoría de autores, incluyendo decapitados o los anteriores a aquellos, tuvieron una impronta gay, una impronta homo o una impronta lesbia. De manera que la verdad puede ser asumida con frontalidad o con veladuras, pero eso no quita el peso de esa verdad.
En su caso no ha habido esa veladura. ¿Ha querido ser transparente en ese sentido?
Si es su lectura coincidimos, porque de esos amores no se habla, aunque se los viva y con mayor intensidad. Para mí los diferentes son los que me leen la conducta de..., del eros homoerótico. Ellos crean la diferencia, no lo manifiesta el que lo atrapa en el texto para crear a partir de allí una pequeña o una gran obra de arte, que puede ser un poema.
En este libro se encuentran algunos referentes, ciertas influencias, pero seguramente otras no están. ¿Cuándo nació el poeta en Sigüenza?
Hasta ahora estoy preocupado en saber qué rol desempeña no a quien se lo designa poeta, sino el contenido de la palabra poeta. Hay toda una parafernalia al respecto, que ubica al poeta como una cosa extraña, una cosa rarísima, y yo no creo que lo sea. Creo que es una persona que asume una labor, un trabajo para el que siente competencia si va mejorando de acuerdo con su experiencia vital, sus lecturas, bueno, todo.
A más de la poesía ha incursionado también en el periodismo, en la crónica.
En general, en el uso de la palabra. El periodismo me ha parecido a mí una profesión de libertad, en el sentido de la posibilidad de viajar, de escribir. No estoy hablando de un horario fijo dentro de una redacción, que ya cambia. Pero es una experiencia grata, entusiasmante. Ser periodista no es practicar un género menor.
PERFIL: Roy Sigüenza
EDAD
49 años.
Oficio
Poeta y cronista.
Libros
Es autor de los poemarios Cabeza quemada, Tabla de mareas, Ocúpate de la noche y Cuerpo ciego, y de dos publicaciones que son una mezcla de crónica histórica y memoria personal: ¿Y vieron bailar el charlestón a la Chiva Marina? y Portovelenses S.A.