Sin desconocer las aspiraciones que pueda tener una región que considera que constituye un beneficio convertirse en una nueva provincia, más aún queriendo como quiero a los peninsulares, demostrado con la construcción de un hospital digno de la comunidad peninsular; no deja de llamarme la atención de los diputados que votaron a favor, peor aún los que pertenecen a Guayas.
Cuando elegimos diputados de Guayas lo hicimos para que defiendan los intereses de la provincia, no para que la desintegren. Es inadmisible e inmoral que traicionen su mandato solo por razones circunstanciales políticas. Se esgrime la razón de que el Consejo Provincial no atendía las necesidades de la provincia. Yo les pregunto, ¿cuántos de ellos levantaron su voz para protestar y reclamar al Prefecto por esta desatención?, ¿algunos de ellos estudiaron la problemática administrativa y el rédito económico que esta nueva provincia va a recibir? ¿No era mejor apuntar a la autonomía regional, en la que cada región reciba lo que produce?, todo por alinearse con el Gobierno para conseguir canonjías. Lo curioso es de que ni el presidente Correa está de acuerdo.
Está claro que los diputados nunca han sentido en su corazón lo que es ser guayaco, nunca sintieron el amor a la camiseta celeste y blanco, como muchos la hemos defendido en el campo deportivo. Ni qué decir de los legisladores de otras provincias que con las mismas intenciones de los del Guayas, peor conocen la problemática de esta región y son movidos por el afán regionalista de ver disminuido a Guayas en su representación política. Ya quiero ver si actúan en la misma forma cuando en sus provincias comiencen a tener movimientos que promuevan la división de las mismas. No tendrán argumentos serios para defender su posición, solo aquel que no tuvieron los diputados del Guayas; el amor por su provincia.
Pero los guayacos también tenemos la culpa porque no reclamamos a nuestros representantes el derecho de mantener los límites de la provincia, una cosa es estar por la Asamblea, ser partidario del presidente Correa y otra muy distinta es actuar con principios. Ojalá que esto no sea el principio del fin de la provincia. Ya hay vientos de separación de Milagro, Daule, etcétera; amén de los problemas limítrofes que tenemos con varias provincias. Todavía es tiempo de que recapaciten nuestros diputados y a cambio luchen por mejor trato, mayores aportaciones por parte del Gobierno central, leyes que faciliten la inversión turística e industrial en la Península.
Eduardo Alcívar Andretta,
médico, Guayaquil
Ahora hay peninsulares que quieren “independizarse” del “mando” y “presencia” de otros ecuatorianos que no son nacidos en la península de Santa Elena. ¿Olvidamos que gracias a los negocios que ellos han puesto acá, a las construcciones que hacen, a sus visitas turísticas con sus familias para vacacionar, a los impuestos que pagan...; nos ayudan y dan trabajo a muchos peninsulares? No seamos ingratos.
Juanita Reyes
estudiante, La Libertad
Una situación cívica se la está llevando a la politización y al descubrimiento de algunos personajes con intenciones absolutamente políticas, y al resurgimiento de históricos resentimientos nacionales exacerbados por quienes son incapaces de lograr situaciones creativas para enrumbar el desarrollo.
Es necesario que los ciudadanos sencillos de estos lugares, donde en muchos de ellos el tiempo parece haberse detenido, y sus pobladores viven casi ajenos a un sistema que no entienden y del que esperan mucho, es necesario entrar en lo cívico y hacer comprender a la población que la provincialización no les dará de comer, mejorará sus viviendas, etcétera; pues de lo contrario, este juego es peligroso.
Sería más conveniente que se dieran a conocer los proyectos sustentables con los que se cuenta para la tan requerida independización de la provincia del Guayas.
¿Cuánto de todo el presupuesto con el que contará la provincia será para incrementar la burocracia, y cuánto o cómo se incrementarán las fuentes de trabajo real para esta región que puede contar con proyectos de turismo, artesanías, pesca, y de mil cosas?
Mientras no exista en el pueblo el convencimiento de que todos debemos remar hacia el progreso y aprender a cumplir con las leyes existentes, nunca seremos un país de progreso.
Gloria Paz Briz,
doctora, Salinas