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| ‘Paranoid Park’, película juvenil en festival |
Monopatines en Cannes |
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| CANNES, Francia. Los actores Lauren McKinney (i), Jake Miller, Taylor Momsen y Gabe Nevins acudieron a la gala junto al director de Paranoid Park, Gus Van Sant (segundo de la derecha). | | |
| Mayo 23, 2007
Daniela Creamer | CANNES, Francia
Tema. La producción se basa en la novela homónima de Blake Nelson y recrea el mundo de los skaters.
A primera hora de la mañana del lunes pasado, Gus Van Sant proyectaba por primera vez su nuevo filme, Paranoid Park.
Tras la Palma de Oro obtenida por Elephant, en el 2003, la expectación era máxima ante la nueva película del director estadounidense.
Enseguida, fuera de competición, en un horario especial, Michael Winterbottom presentó A Mighty Heart, respaldado por los norteamericanos Brad Pitt, en calidad de productor, y su sensual esposa, Angelina Jolie, quien capturó la atención de la prensa y los paparazzi.
La jornada culminó con el estreno mundial del filme Death Proof, del director estadounidense Quentin Tarantino.
Gus Van Sant (Louisville, 1952) ha pretendido conquistar, nuevamente, los elogios de la crítica con una historia juvenil, basada en la novela homónima de Blake Nelson y centrada en el mundo de los skaters, esa adolescencia cuya vida gira en torno al monopatín y, en este caso, en un parque construido por ellos y una tragedia que ocurre en sus alrededores.
La cinta a ratos va sobre ruedas y en otros se acaba cayendo, haciendo perder todo el interés en el drama. El pase se cerró con un aplauso gélido.
Irónicamente, los aspectos más llamativos de la película, en la que se mezclan partes rodadas en 35 mm –las dramáticas– con otras en súper 8 y video –dedicadas a las preciosistas escenas de skating– se deben al prodigioso director de fotografía australiano Chris Doyle, quien ha colaborado con los cineastas Chen Kaige, Zhang Yimou y Wong Kar Wai.
Pero si Gus Van Sant generó poco entusiasmo, a muchos impactó A Mighty Heart, no tanto por su confección artística, tan plana y sencilla, cuanto por su trágico contenido.
La película revive cronológicamente los momentos de angustia y de dolor vividos por Marianne Pearl, esposa del periodista Daniel Pearl, quien fue secuestrado en Pakistán mientras realizaba una investigación sobre Al Qaeda para el Wall Street Journal, y luego brutalmente decapitado por los terroristas delante de una cámara de video digital.
Marianne, también periodista, embarazada entonces de cinco meses y medio, publicó el libro homónimo para transmitir a su hijo el legado de su padre, sus pasiones y sus sueños. La obra se convirtió en filme gracias a la insistencia de Pitt en adquirir sus derechos.
“Era, además, un libro sobre un tiempo y un lugar y las dificultades de vivir allí en una situación tan complicada. Mis hijos son parte de este mundo y hago lo posible por hacerlo mejor”, señaló Pitt.
La dirección fue confiada al británico Michael Winterbottom (tres veces en competición en Cannes), que ya en Welcome to Sarajevo y Road to Guantánamo había enfrentando temas complejos como la guerra, el terrorismo y el periodismo.
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