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Equívocos |
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Dos hechos han agravado la relación del Gobierno con los medios de comunicación. El primero, el debate entre el Presidente y los periodistas de comprobada seriedad, Emilio Palacio y Carlos Jijón. El segundo, la difusión por parte de Teleamazonas de un fragmento de un video acusatorio contra el ministro Ricardo Patiño.
En cuanto al primero, lo más claro es decir que partió de un equívoco: no parece saludable que el Presidente debata sobre libertad de expresión con comunicadores, a menos que no tenga interlocutores válidos en su relación con los medios; y un segundo equívoco, los medios impresos no son precisamente los que mejor expresan la mediocridad y la corrupción de la información.
Teleamazonas se olvidó del elemental principio de confirmar la fuente de un video, para establecer si se lo han entregado completo, no establece un contexto y no confronta una información tan grave con las partes. Simplemente lo echa al aire con una liviandad muy propia del modo como se hace periodismo televisivo.
Pero hay un equívoco adicional: el modo fragmentario y epidérmico con que entendemos la libertad de expresión. No hemos escuchado a los medios levantar su voz al unísono, para exigir el aspecto central de la libertad de expresión: el derecho a la información. Que yo sepa, ningún medio hace uso corriente de la ley de transparencia de la información y confía en los delatores para conocer los hechos. ¿Acaso el exabrupto cometido por Teleamazonas no significa confiar en las delaciones para informarse?
Llevo alrededor de cuarenta años vinculado a la prensa escrita y no recuerdo un solo gesto autocrítico en los medios, como no sean las inclusiones eventuales de alguna aclaración dentro de las columnas de los lectores. No recuerdo tampoco esfuerzo alguno para vigilar entre colegas su única fuente de legitimidad: la credibilidad y la transparencia. No creo que la mejor actitud es el espíritu de cuerpo, allí donde más de la mitad de las televisoras de canal abierto responden a intereses fácticos y una gran cantidad de radiodifusoras, a más de unos cuantos periódicos locales, sirven de plataformas para caciques políticos de parroquia.
¿Dónde están los gremios de periodistas exigiendo libertad de expresión?
¿Cuándo vamos a reemplazar por una investigación independiente el peligroso juego de la réplica y la contrarréplica. ¿Cuándo vamos a defender nuestra independencia con las distintas formas de poder, no con retórica sino con información?
Los medios estamos en serio peligro de dejar de ser medios en los que la sociedad se cuestione a sí misma y participe en la construcción de lo público, para colocarnos en el escenario de disputas particulares. Democratizar los medios significa sintonizar con la sociedad y dar voz a los ciudadanos.
La adjetivación de la información, la pérdida constante de los linderos entre la información y la opinión y los adjetivos acuñados por el Presidente están rodeando al hecho informativo de violencia. Nadie ve al otro con los ojos abiertos. Y todo ello con perjuicio para la ciudadanía; y con el riesgo de que los conflictos “pico a pico” ahonden distancias con la sociedad. |
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| Thomas L. Friedman |
Opinión Internacional | |
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