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Los cañones de mayo |
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Mañana es 24 de mayo; se nos va el mes de María, aquel “con flores a porfía, que madre nuestra es”; ese mayo que en la Sierra tiene olores de verano, primeras comuniones y vacaciones, mientras el régimen de Costa efectúa, con nueva reglamentación, el relevo de abanderados en las diversas instituciones educativas, con ceremonias que aún conservan un indigesto protocolo castrense, entre cornetas, marchas, toques de queda y bandas de guerra; indigesto, porque un buen día ingresaron a escuelas y colegios los aires marciales, desfiles y cachiporras, para afincarse en ellos a perpetuidad. ¿Algo nos dice “el paso gallardo de nuestros estudiantes” por las calles de la ciudad, mientras nuestros campos necesitan manos para reforestarlo y nuestras aldeas requieren de amigas y amigos que cuiden de su ornato y de su limpieza?
Mayo debe unir a los ecuatorianos en un gran empeño por conquistar la libertad, aquella que se inició un 24 de mayo de 1822; la Independencia se vuelve realidad cuando cada ecuatoriano empieza a ser parte de esa conquista; cuando deja de ser pordiosero y rendidor de pleitesía a quien pone dinero en sus manos, para convertirse en creador de sus propios recursos, en artífice de la educación de sus hijos; cuando el trabajo personal, pequeño o grande, lo transforma en la fragua que tiempla su voluntad y le entrega las herramientas apropiadas para dejar de ser uno más de un enorme montón de agraciados circunstanciales que luego rumian sus amarguras cuando descubren que pudieron ser libres y prefirieron la entrega, que bien pudieron sobrellevar una pobreza digna antes de doblegarse a cantos de sirena y espejismos traicioneros.
Un buen grupo de quienes son parte del actual equipo de Gobierno pasó por las aulas de colegios y escuelas particulares; a unos pocos los recuerdo como alumnos, como deportistas, como gente de bien; ellos saben cómo celebrábamos cada mes de mayo: la madre terrena, la madre celestial y la madre patria formaron la tríada de amores profundos, que ocasionaron compromisos existenciales. Me enseñaron y así enseñé que nuestra patria es el Ecuador; que nuestra soberanía siempre se defendió con valentía; que nuestros soldados lucharon con fervor porque sabían que ellos tenían una patria digna y altiva. No educamos ahora para tener patria, siempre la tuvimos. No es sano jugar con términos que nos involucran históricamente, no se puede desatender ni ofender un pasado de trabajo, de esfuerzos, de sacrificios y de conquistas.
Los ex alumnos salesianos quizá recuerden aquella sentencia que describe la manera de actuar o proceder de los humanos. “Quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur”; lo que llega a nosotros del gran mundo de la información, lo entendemos a nuestro modo; un discurso no es interpretado de manera igual, porque su comprensión depende de la cultura, información, inteligencia, experiencias, visión política, etcétera, de cada uno. Con demasiada frecuencia los prejuicios, la carencia de información, el maniqueísmo personal, el orgullo o vanagloria, el odio, la venganza o la miopía de las reales capacidades conducen a comportamientos nocivos para la sociedad que se pretende construir. |
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| Thomas L. Friedman |
Opinión Internacional | |
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