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¿Estado o patria? II |
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Cuando me encontré por primera vez, en un televisor, con la marcha Patria me emocioné y esa agradable sensación regresa cuando vuelve a aparecer ante mí o la escucho en la radio.
¡Qué bueno que sea nuevamente entonada y apreciada, porque puede ser muy útil para despertar o aumentar el civismo!
La sensibilidad cívica de cada persona depende de su formación familiar, escolar y social.
Pertenezco a una generación cuya vida estudiantil se inició poco después de la guerra con el Perú en 1941 y de la suscripción del írrito Protocolo de Río de Janeiro, en 1942.
Durante la secundaria, en los últimos tres años, tuvimos que ir a uno de los cuarteles militares acantonados en Guayaquil para recibir instrucción premilitar, media jornada, una vez por semana.
El respeto y el afecto por los símbolos patrios se estimulaban semanalmente en mi colegio con la izada de la bandera, el canto reverente del himno nacional y una alocución patriótica y también con la proclamación anual del abanderado y la presentación de los honores a la bandera.
Mientras concurríamos en la universidad, durante dos vacaciones anuales, varios fuimos sorteados para estudiar en Quito en algunas de las escuelas de las ramas del ejército y nos graduamos de oficiales de reserva.
¡La patria no era ni es una broma, alguien a quien se puede embromar! Es sagrada y merece nuestro respeto, afecto y entrega.
Convencido de esto y ante la evidencia de la realidad nacional, me animé a escribir ‘¿Patria o Estado?’, que publicó EL UNIVERSO el 6 de abril de 1994, para destacar la necesidad de no vivir desconociendo la unidad que debe ligar a ambos conceptos.
¿Cómo afirmar que se ama a la patria y, al mismo tiempo, aprovecharse del Estado y sus diversas instituciones para beneficio propio en desmedro de los demás?
Para que no ocurra semejante crimen es esencial la buena formación cívica, que debe comenzar en el hogar y fortalecerse durante el proceso educativo.
Ahora con la ayuda de la marcha puesta de moda puede ser más fácil esa tarea y aun más si, aprendiendo de Olmedo, verdadero maestro de nuestro civismo, recordamos y practicamos su famosa primera estrofa del Alfabeto para un niño.
Finalmente, si se predica que la Patria ya es de todos, considero que debemos entender que también el Estado ya es de todos y no solamente de sus administradores.
¿Qué necesitamos para sensibilizarnos respecto del Estado al punto de considerarlo y respetarlo como expresión tangible de la patria?
¿Sería tan amable en darme su opinión? |
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| Thomas L. Friedman |
Opinión Internacional | |
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