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Frustración y llanto entre alumnos |
Mayo 23, 2007
Desde que Pablo (nombre ficticio) conoció la sentencia su alegría desapareció, confiesa. Ahora –dice– se la pasa pensando en qué será de su futuro, luego de haber afrontado a su edad un juicio.
Las continuas movilizaciones hacia la Fiscalía en Latacunga para las diligencias legales incidieron en sus calificaciones.
Este sentimiento lo comparte Pedro, quien señala que tiene miedo cuando le toque ir a la correccional de menores.
Entre los sentenciados hay una menor de 12 años, quien no entiende lo que le pasa. Recién pasó de la escuela al colegio, pero ya tiene un juicio. Para ella, lo más difícil fue ir a la Fiscalía y estar rodeada de policías y adultos.
Cada estudiante tiene su historia de cómo afrontó el juicio y la sentencia. Algunos lloran y repiten frases como “no somos delincuentes para que nos lleven a un juicio”, al tiempo que esperan que esta situación culmine una vez que su defensa apeló la resolución.
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