El dolor sigue latente en los padres y hermanos de personas asesinadas.
Quién puede imaginar perder un hijo cuando recién empieza a vivir. Quién, si al verlos nacer los padres se esmeran por protegerlos para que en el futuro sean personas de bien.
A las familias Fabara-Núñez y León-Morales una bala perdida les cambió el destino. Sus dos pequeños hijos de 3 y 13 años, respectivamente, murieron en medio de hechos violentos.
El 24 de mayo del 2006, Natalia Fabara Núñez iba en su expreso escolar rumbo a casa. En el camino el vehículo se topó con un asalto a las oficinas de Emelgur, en la ciudadela Entre Ríos, vía a Samborondón.
Delincuentes y policías se enfrentaban a tiros. Una de esas balas impactó en la pequeña que iba sentada muy cerca de la ventana de la furgoneta que todos los días la transportaba desde su escuela.
Todo sucedió en instantes. Como aquel 20 de marzo del 2006, cuando Michael León Morales regresaba con su hermano menor a la casa de su mamá, en el kilómetro 7½ de la vía a Daule. Luego de una agitada jornada de fútbol, ellos tomaron un bus de la línea 112 que recorre el norte popular de la ciudad.
Eran las 12:30 y al llegar a la parada del bus, dos hombres armados subieron al transporte para asaltar a los pasajeros. Uno de los viajeros se enfrentó con los delincuentes. Él portaba un arma y en medio de la balacera, Michael fue herido de muerte.
La lista de hechos violentos en la ciudad, no solo archiva historias tan dolorosas como la de los dos menores, también el deceso de un padre de familia el 29 de mayo del 2006.
Ese día Carlos Cabrera, de 22 años, iba en un bus de la cooperativa Florida Norte rumbo a la Universidad de Guayaquil. Allí lo esperaba su esposa, Clemencia. Pero él no llegó.
En el interior del vehículo un menor quiso robarle y en el forcejeo una bala asesinó al joven padre de familia que dejó en la orfandad a su hijo de meses.
Ahora solo quedan recuerdos como: “Era un buen hijo, la alegría del barrio, un buen padre”, se repite en cada uno de los hogares marcados para siempre por una bala perdida.
La muerte de la pequeña Natalia sirvió para que su familia marcara uno de los episodios más relevantes en el combate contra la delincuencia: la Marcha de las velas, por la paz y la vida, que convocó a miles de ciudadanos en la avenida Nueve de Octubre, el año pasado.
Este 25 de mayo los Fabara-Núñez esperan una nueva vida que llevará el mismo nombre que el mejor amigo que Nathalia tenía antes de morir.
“Nuestro futuro hijo Gabriel no viene a reemplazar a Natalia. Él nos va a llenar de alegría”, dice con certeza Juan Fabara, que ha encontrado fortaleza en esa nueva ilusión.
Quien aún no halla consuelo es Isabel Morales, madre de Michael León. Ella evita dialogar sobre el accidente para calmar el dolor porque no ha podido resignarse. “Mi hijo está de viaje, no está muerto...”, repite para no llorar.
Isabel espera que se haga justicia y que el asesino reciba sentencia, mientras su vida continúa al lado de su esposo y sus tres hijos, a quienes la partida de Michael les genera desconfianza, incluso de subirse nuevamente a un bus.
En la cooperativa Gallegos Lara, cerca de la casa de Morales, una familia y los vecinos del barrio lloran la partida de quien conocieron como DJ Negro, el joven Carlos Cabrera.
“Hay que sacar fuerzas para seguir adelante...”, manifiesta Clemencia, cónyuge del fallecido, y quien espera terminar sus estudios de Ingeniería Comercial para asegurar un futuro para su hijo Justin, el más preciado recuerdo que le queda de Carlos. El padre del joven, Carlos Cabrera García, tampoco se ha rendido y sigue unido a las brigadas barriales para evitar que casos como el suyo le sucedan a más personas. “Él era muy talentoso, mi Dios le dio bastante sabiduría porque improvisaba, cantaba...”.
223
Asesinatos. Es el número de crímenes registrados desde junio a diciembre del 2006 en Guayaquil, según la Policía Judicial del Guayas.
35
Crímenes. Es la cantidad de personas asesinadas desde enero al 20 de mayo pasados.
Juan Fabara
PADRE DE NATHALIA
“Nos sentimos alegres y nerviosos por el nacimiento de Gabriel y también tristes porque ya se cumple un año de la muerte de nuestra hija Nathalia”.