Cuando el cineasta alemán Philip Gröning cayó por más de cinco metros y medio en vertical mientras filmaba el documental Die grosse stille (El gran silencio), sintió que iba a morir. Sus estudios de medicina lo confirmaban en su mente. No así la fe de los monjes del monasterio Cartujo, ubicado en los Alpes franceses, de quienes trata su filme.
Su producción, basada en el largo silencio que los monjes guardan para encontrar a Dios, ha logrado reconocimientos tan importantes como el gran premio del jurado del Festival Sundance.
Gröning le mostró al mundo una estética diferente a la que predomina en la posmodernidad audiovisual, con un montaje acelerado, basada en la música y los constantes diálogos. Su filme se estructura en el silencio para así contemplar la belleza de la vida.
Este realizador es uno de los invitados internacionales de la sexta edición del Festival de Cine Documental Encuentros del Otro Cine. Su cinta El gran silencio se exhibe hoy, a las 19:10, en el MAAC Cine (Malecón y Loja). Tiene una duración de 162 minutos.
¿Siente que su documental debe ser visto al menos dos veces para entenderlo en su real dimensión?
Puede ser. Hay mucha gente que lo ve más de una vez. En Roma una mujer me dijo que lo vio 12 veces y finalmente se compró un DVD. Tal vez la forma que tiene el filme no es una estructura racional y por eso hay ganas de descubrir ese enigma de cómo fue creado.
Sorprende saber que la producción tuvo que esperar, por 13 años, un permiso para realizarse.
Para ellos, los monjes, el documental era impensable. Y para mí, luego de que el permiso me fue negado, también. La Iglesia se abrió en muchos aspectos con el papa Juan Pablo II y con coincidencias casi mágicas apareció mi nombre, que ya les resultaba conocido desde hace 15 años, y la idea de que la vida del monasterio podría ser filmada.
¿En un inicio su tesis radicó en hacer una película sobre el tiempo?
En un sentido más profundo es una película sobre el tiempo. El tiempo y la manera de vivir en él, es la relación más esencial que tenemos como seres humanos. Un monasterio es un espacio físico en donde el tiempo gira en torno a la búsqueda del encuentro con Dios o una verdad personal. Con el cine hay una coincidencia muy profunda y muy hermosa.
¿Cree que la vida de los monjes tiene algo que ver con los cineastas o los artistas en general?
Absolutamente. Los artistas tienen que abandonar muchas cosas de la vida por una búsqueda personal. Es un encuentro diario con su verdad personal reflejada en su obra. Así los monjes buscan a Dios. Y aunque Gabriel García Márquez ya haya ganado el Premio Nobel, en cada libro
existe el riesgo de perderlo todo por no encontrarse con su esencia.
¿Qué representa el silencio en su filme?
El silencio en mi vida es esencial. No puedo vivir sin él. En el silencio, la percepción de la vida cambia. Se comienzan a ver las cosas más preciosas. También ahí se generan las emociones más profundas.
En su película el colectivo es tratado como un solo personaje.
Es muy cierto lo que dice. El montaje del filme era muy difícil por eso. Generalmente las películas siguen a un personaje y les dan ciertas características a otros. Intenté seguir a un colectivo como si fuera una sola persona. En el monasterio hay la vida individual de cada ser, pero quizá es más importante la vida que se ha mantenido casi por mil años por la congregación.
¿Qué le deja en lo personal este filme?
Una sensación contradictoria. Una fe, como la de los monjes, de que las cosas han tomado su camino correcto y de que por más que aparezcan obstáculos o accidentes son parte de ese proceso también.
Por otra parte, el miedo de que esa esencia, de que el encuentro con mi verdad, se pueda perder en mi próximo filme.
EDAD
48 años. Nació en Düsseldorf en 1959.
ESTUDIOS
Estudió medicina y psicología antes de inscribirse en la Academia de Televisión y Cine de Munich, donde se graduó como guionista.
EXPERIENCIA
Trabajó en la industria cinematográfica alemana como sonidista, utilero y asistente de dirección. También fue actor de películas. Ha dirigido varios documentales.
LECCIÓN DE CINE
Como parte del Festival de Documentales, hoy a las 11:30 en el MAAC la realizadora ecuatoriana Yanara Guayasamín participa en el espacio Lección de cine. Es la directora de la cinta Cuba, el valor de una utopía.
EN LA TARDE
A las 16:30 se exhibe el filme La ciudad de los fotógrafos, de Sebastián Moreno, de Chile. Fotógrafos evocan el terror que se vivió en los años de la dictadura de Augusto Pinochet y el papel político que ellos cumplieron.