Producción. Chacun son cinema es una obra coral ideada por Gilles Jacob, director del festival.
Para celebrar sus 60 años, el festival de Cannes había solicitado un año atrás a un grupo de 35 autores -todos consagrados con un puesto especial bajo el sol de la Croisette- contar en un corto, de tan solo tres minutos cada uno, su visión del cine.
El resultado, presentado el domingo pasado fuera de competición, se titula Chacun son cinema (Cada uno con su cine), una obra coral muy significativa, ideada por Gilles Jacob, director del festival, que funde el deseo del certamen francés de recordar con nostalgia las elecciones artísticas del ayer y la exigencia de mirar hacia el futuro, resaltando el cine de arte y de autores innovadores y vitales que dan color al panorama cinematográfico.
La única condición impuesta a estos 35 directores, provenientes de 25 países de los cinco continentes y reconocidos mundialmente, era la necesidad de confiar en su propio concepto del séptimo arte.
Del Oriente desembarcó en el festival un vasto grupo de realizadores asiáticos, encabezado por Zhang Yimou, Chen Kaige, Takeshi Kitano y Wong Kar-Wai, mientras que del Occidente desfilaron nombres tan venerados como Ken Loach, Walter Salles, Michael Cimino, Wim Wenders, Roman Polansky, David Cronenberg, Alejandro González Inárritu; las dos parejas de hermanos: los Coen y los Dardenne; y Jane Campion, la única representante femenina del grupo, entre otros.
La naturaleza del proyecto, por la gran variedad de orígenes y culturas de los participantes, su orientación estética y su mecanismo poético, dio pie a entregas tiernas y conmovedoras, pero también sarcásticas y provocadoras, que generaron las diversas reacciones de la crítica –entre abucheos y aplausos– tras cada fragmento. Se trató, en definitiva, de 35 obras individuales para una celebración colectiva.
“Resulta más difícil hacer un cortometraje que un largo, pues este abarca muy pocas imágenes para contar una historia. Esto implica que cada imagen debe ser preciosa y tener sentido, ya que se requiere de mayor reflexión para decir tanto en tan poco tiempo”, señaló el cineasta ruso Andrei Konchalovsky.
“En efecto”, insistió el mexicano Inárritu, “se trata de un ejercicio forzado de tres minutos, ya que cualquier historia requiere de su tiempo para poder ‘vencer’, como sucede en el ring, hasta el último round.
“Con el tiempo he aprendido a expresarme mas rápidamente. Lo importante es que la historia, sea la que sea, tenga un principio y un final, y que provoque emociones”, señaló el polaco Polansky, quien sorpresivamente plantó a todos los presentes, embistiendo en modo grosero a los periodistas, a quienes calificó de “mediocres”. “Todos ustedes tienen el cerebro atrofiado gracias al internet y al mouse y son incapaces de reflexionar sobre la profundidad del cine”, afirmó furioso mientras abandonaba la sala.
En medio de estas reflexiones, resultó obvia la preocupación por el futuro del séptimo arte: “Desafortunadamente, el cine ya no es lo que era antes”, aseveró el canadiense David Cronenberg, “ahora hay jóvenes autores que se están formando a la sombra de las nuevas tecnologías, por lo que el cine del futuro será muy diverso. Es inquietante pensar que los jóvenes, dentro de muy poco, verán las películas en las pantallas de sus celulares y no en las de una sala de cine”.