Escasa resonancia internacional tiene Libertad, un equipo centenario, históricamente ubicado detrás de Olimpia y Cerro Porteño. Este año está empeñado en llegar a la final de la Libertadores.
Habrá sido gracioso; el dictador más duradero de América Latina gritando “¡Libertad…! ¡Libertad…!”. Sucede que Alfredo Stroessner asistía con cierta frecuencia a la cancha. Y era hincha del cuadro blanquinegro que el jueves se plantó tieso en La Bombonera. Pero, bueno, los clubes no eligen a sus hinchas. Es al revés. Stroessner incluso jugó en Libertad. Y sus hijos Alfredo y Olivia hasta fueron presidentes.
La actuación liberteña frente a Boca, plena de personalidad, con ese halo heroico que revisten las gestas paraguayas, sembró la simpatía en el continente. Porque enfrente estaba Boca; en la mítica Bombonera. Y porque la tradicional e indesmentible humildad guaraní agiganta sus acciones. A todos nos pasa esto de encariñarnos futbolísticamente con los paraguayos. No es jogo bonito, pero hay una mezcla de modestia, bravura y nobleza que torna afectivamente atractiva la propuesta.
Escasa resonancia internacional tiene Libertad. Un club centenario, históricamente ubicado detrás de Olimpia y Cerro Porteño, acaso con menos hinchas que Guaraní y Sportivo Luqueño. Hasta podría decirse que genera menos adhesión que Nacional, pero es más importante en lo deportivo que estos tres.
Ubicado en el casi céntrico barrio Tuyucuá, de Asunción, fue la cuna de dos fenómenos de los ’20 y ’30: el Pibe de Oro Gerardo Rivas y el Machetero Benítez Cáceres. “¿Ve esa casa de rejas…? Ahí vivía yo”, me contaba el Machetero, fabuloso goleador boquense. Y señalaba un inmueble situado detrás de un arco, a metros del estadio. “Alquilábamos; la compramos cuando pasé a Boca, en 1932. Me dieron 5.000 dólares por firmar el contrato. Yo me pasaba todo el tiempo acá, en Libertad. Solo tenía que cruzar la calle y ya estaba jugando”.
Más adelante en el tiempo apareció la gran generación de los ’50, que conformó en 1955 “El equipo del siglo”, en Paraguay. Seis de sus integrantes fueron titulares en la selección campeona de la Copa América del '53. Y ese mismo año apareció Eulogio Kokito Martínez, más tarde una superestrella del Barcelona, haciendo un dúo mortal con Kubala.
“El Barça tenía diez atacantes espectaculares –recuerda Ramón Martínez–. El gran Luis Suárez; Tejada, un puntero español buenísimo; Basora, otro punterazo; los húngaros Czíbor, Kocsis y Kubala, el uruguayo Villaverde, el brasileño Evaristo… Todos podían entrar o salir, los únicos fijos eran Kubala y Eulogio Martínez”.
Libertad es el club de Nicolás Leoz, quien va todos los domingos a la cancha con sus hijos, como un hincha más. Justamente el último gran esplendor del club coincide con la presidencia de Leoz. Luego vinieron años oscuros y el descenso.
Muchos vieron en el banco al entrenador uruguayo Sergio Markarián y lo asociaron con este rutilante momento liberteño. Y naturalmente tiene su mérito. Sin embargo tomó un equipo ganador, que venía de ser campeón en diciembre. Sucede que Gerardo Martino, técnico bicampeón, pasó a comandar la selección albirroja.
El tiempo de oro arranca en el 2001, con su retorno a primera, al tomar el control del fútbol Horacio Cartes, un poderoso industrial y banquero que ha impreso su sello en la gestión. Una suerte de Macri paraguayo. Cartes comenzó por ordenar el club, contratar los mejores futbolistas paraguayos y buenos entrenadores. Una política ambiciosa basada en un innegable poderío económico. Los éxitos no demoraron. En lo que va del nuevo milenio lleva tres campeonatos (2002-2003-2006) y dos subcampeonatos (2004-2005).
El año anterior se le escurrió la final a manos del Inter, posterior campeón. Ahora está empeñado en llegar a la cima. Es tiempo de Libertad.