Domingo 20 de mayo del 2007 Migración

Jóvenes canalizan sueños de sus compatriotas en Nueva York

NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS | Fernando Astudillo

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NUEVA YORK. Carlos Guevara (d), Luis Llauri, Gabriela Mayorga, Alejandra Barba, Esaú Chauca, miembros de la Organización Juventud Ecuatoriana, junto con José Gómez, un asistente de las clases que ellos ofrecen.

Tienen de 20 a 30 años y buscan motivarlos para salir de  sus rutinas.

Cambian vidas. De una forma sencilla abren las puertas que tenían tres, cuatro candados. Cerrojos que no permiten mejoras, que condenan a existencias llenas de rutina.

Una rutina que en la Capital del Mundo encadena a miles de ecuatorianos a una vida monótona, circular, que se repite una y otra vez y que culmina cada mes con el envío de una remesa llena de historias de sacrificio.

Juventud Ecuatoriana o Juve, como se  denominan, quiere ir más allá de ese conformismo. Esta organización tiene a jóvenes ecuatorianos empeñados  desde hace más de un año en darles herramientas de progreso a compatriotas que viven en Nueva York.

Lo hacen de una manera sencilla, con una premisa básica de supervivencia en el mundo de hoy: la información es poder.

Así, buscan entregarles esa información que abra sus ojos, que los oriente, que sea como una mano invisible que los toma y que les ayuda a dar los pasos necesarios.

De esta forma ya han cambiado algunos estilos de vida. Y lo siguen intentando en cada reunión en las que enseñan a los que quieren que hay otras vías de progreso en la ciudad del frenesí estadounidense.

No importa si son ilegales, como la mayoría que los busca. Hay caminos, es la filosofía. Hay opciones y el mundo no se cierra para el indocumentado.

José Gómez Chauca sabe de eso. Él, sin papeles desde hace trece años cuando llegó como miles, de la mano de un coyote inescrupuloso, ahora busca ejecutar sus sueños.

Soñaba despierto, sin saber cómo concretar sus ideas, hasta que se cruzó en el camino con Juventud Ecuatoriana, en donde encontró la guía necesaria. “No pude terminar la secundaria en el Ecuador y no sabía que se podía acá”, recuerda. Ahora, este cañarejo asiste a las clases de bachillerato que da Juve, con las que se prepara para dar un examen con el que logrará su título en tierras neoyorquinas.

Su sueño de toda la vida está cerca: ir a la universidad. ¿Así, sin papeles? Sí, responde tajantemente Carlos Guevara, presidente de Juventud Ecuatoriana. Es cuestión de averiguar.

“Queremos hacer entender a la gente que la herramienta más poderosa que existe es la información si se la sabe utilizar. Está ahí”, recalca Guevara, un quiteño de 30 años con una maestría en Ciencias de Cómputo en la Polytechnic University.

¿Información útil? Los jóvenes de Juve enumeran algunos ejemplos de sus experiencias.

Gabriela Mayorga, ambateña de 26 años que llegó hace nueve a Nueva York, se emociona al precisar lo que se puede lograr con solo dar el dato correcto, el apunte preciso, el site ideal.

“Hay algunos que no saben cómo pagar un tique (multa de tránsito) de un carro y no saben que pueden hacerlo por medio de una computadora sin tener que pagarle a un abogado (...). No le damos el servicio, pero sí la herramienta para que la persona pueda explorar eso”.

Mayorga, una paralegal (asistente de abogado) que trabaja en el Rockefeller Center, define la esencia de lo que hace Juve: “No trabajamos para la comunidad, trabajamos con la comunidad, juntos de la mano”.

Así, agarrados de la mano, pueden canalizar la información que le permita a un indocumentado entrar a una universidad, validar un título de bachillerato con solo hacer una traducción del documento y notarizarlo, sacar por internet un número que permita pagar los impuestos de un negocio o agarrar las becas educativas para la comunidad hispana que muchas veces se pierden por desconocimiento.

Todo eso y otras cosas las han aprendido en sus carreras, en sus trabajos. Pero también  tocando puertas a expertos de distintas profesiones y de organismos no gubernamentales.

Más cambios
La propia experiencia ha ido cambiando también sus vidas. Ahora hay miembros de Juve que han iniciado negocios por internet, un nicho laboral que los motivó a abrir un curso gratuito para los interesados.

Los miembros de la organización están convencidos de que este tipo de negocios pueden cambiar vidas de muchos ecuatorianos en Nueva York.

Así lo creen Alejandra Barba y Víctor Mosquera, otros dos de las aproximadamente 20 personas que integran el equipo de planta de Juventud Ecuatoriana (hay otras decenas que colaboran esporádicamente).

“Los negocios por internet son precisamente lo que está en apogeo ahora. Sin ser legal se puede tener su propio negocio y cumplir con todo (lo legal) del Estado”, explica Barba, una quiteña analista de sistemas.

Mosquera, un guayaquileño graduado en administración en servicio a la salud, cree, en cambio, que este tipo de cursos y otros que se dan en Juve son parte de un proceso necesario para motivar a muchos ecuatorianos a darse un tiempo para prepararse e ir un poco más allá de la jornada rutinaria de sus trabajos. No todo puede ser trabajo, trabajo y trabajo, recalca.

De regreso a las raíces
Pero tal vez la experiencia más vital para los miembros de Juve ha sido reencontrar  sus raíces. Jóvenes que llegaron a los cinco años a los Estados Unidos desde Déleg, Cañar, como Esaú Chauca o Luis Llauri, aseguran que hasta hace poco no entendían lo que era ser ecuatoriano.

Son residentes o ciudadanos estadounidenses de la generación de los videojuegos, de los tiempos de Kurt Cobain. Jóvenes educados en universidades norteamericanas que a veces no dejan su acento inglés al volver a su español.

Pero sobre todo son personas que a través de su voluntariado han encontrado respuestas a sus orígenes. Gabriela Mayorga lo sabe bien.
Su ejemplo en la organización cambió su casa y el orgullo por su país.

Primero fue su mamá quien dejó el pesimismo tan ecuatoriano al verla trabajar a ella y sus amigos con la comunidad. “Me trajeron lo ecuatoriano que perdí”, le dijo su madre.

Luego fue su hermanito, que alteró su respuesta rápida de antes cuando se le preguntaba de dónde era. Cambió el “I’m  an american (soy americano)” por el  “soy ecuatoriano”.

Valió la pena, reflexiona Mayorga. Valió la pena vender agua en el parque, hacer bingos y rifas. Sacrificar sus sábados y domingos de descanso. Ahora se siente diferente.

José Gómez Chauca
ASISTENTE A CLASES

“Mi sueño siempre fue ingresar a la universidad (...). Ahora tengo la carrera que seguiré: quiero ser técnico en ingeniería de sonido”.

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