Eran unos cuantos días antes de que el personal del Centro Schomburg de Investigación en Cultura Negra, ubicado en la calle 135 y el Boulevard Malcolm X, en Harlem, terminara de colgar dos exposiciones y de despegar el papel protector de las puertas de su nueva entrada, más grande y luminosa, y casi se alcanzaban a discernir los fantasmas entre los muebles nuevos y la iluminación moderna. Entre el ruido de martillos y taladros, se preparaba la celebración pública, programada para el 12 de mayo, de una renovación de dos años y once millones de dólares.
El Schomburg representa tanto un monumento a una idea como un edificio. Su origen data de 1905, con la apertura, en el lugar actual del centro, de la sucursal en la calle 135 de la Biblioteca Pública de Nueva York. Predominantemente judío en ese entonces, para 1924 Harlem se había convertido en un barrio mayoritariamente negro. En el transcurso de los años, el escritor negro Alex Haley hizo investigación para su novela “Raíces” en el Schomburg; tanto el escritor y activista James Baldwin como el director de cine y fotógrafo Gordon Parks encontraron refugio en el lugar; un joven Ossie Davis perfeccionó su técnica de actuación en ese mismo sitio.
Para 1972, fecha en que oficialmente se le bautizó como el Schomburg, en honor a Arturo Alfonso Schomburg, bibliófilo de origen puertorriqueño, que donó su colección, brindaba un punto de enlace con el conjunto de la experiencia negra estadounidense.
Entre las maravillas que ofrece figura una rara grabación de un discurso de Marcus Garvey, periodista y editor jamaiquino, documentos firmados por Toussaint Louverture, héroe de la revolución haitiana a principios del siglo XIX, una primera edición firmada de Phillis Wheatley, poetisa negra del siglo XVIII, así como daguerrotipos de negros estadounidenses de los años 1830.
“El centro se ha convertido, cada vez más, en uno de los puntos de referencia culturales de toda la comunidad de Harlem, uno de sus tres lugares más visitados por los turistas, junto con el teatro Apollo y el Museo Studio de Harlem”, expresó Howard Dodson, director del Schomburg. “El cambio que se da actualmente en Harlem es de interés político, social e histórico para el centro y estaremos aquí para documentarlo. No nos vamos a ir a ninguna parte”, agregó.
Thelma Golden, directora y curadora titular del Museo Studio, es una de las personas que consideran al renovado Schomburg como emblema de un Harlem rejuvenecido.
“El Schomburg sirve como estandarte de la idea de que nuestra historia y nuestra cultura son importantes”, expresó Golden, quien es negra.
“Todas las instituciones culturales de Harlem experimentan un período de crecimiento increíble, y no hablo únicamente en términos de renovación física”.
Un recorrido a pie por Harlem deja patente cómo ha acogido a numerosos mundos. En medio de la cacofonía de la calle 125, columna vertebral comercial de la zona, hay minúsculas peluquerías africanas especializadas en el trenzado de cabello, restaurantes familiares con sabor africano o caribeño, así como cafés Starbucks.
“Si bien parte de la transformación incluye un cambio en el número de personas que no son de origen africano, esa cultura ha cobrado fama y notoriedad aquí”, dijo Dodson, “y esa cultura constituirá los cimientos de su fama en el siglo XXI”.