Sarah Lynn Lester, de 32 años, se considera una partidaria del derecho al aborto. Dona dinero a la Liga Nacional de Acción por el Derecho al Aborto, de Estados Unidos, y es voluntaria en Paternidad Planificada.
Pero como mujer que siguió adelante con un embarazo después de enterarse de que su hijo tendría síndrome de Down, también tiene sus creencias respecto a la ética de elegir, o no elegir, a ciertos tipos de hijos. “Me pareció que sería moralmente equivocado abortar a un niño porque tiene una discapacidad genética”, dijo Lester, gerente de marketing en St. Louis.
En vista de que las pruebas prenatales permiten identificar los fetos que tendrán retraso mental, sordera, Alzheimer prematuro y un amplio abanico de enfermedades, tales deliberaciones personales ahora agregan un nuevo ingrediente al contencioso debate político sobre el aborto.
Las personas que apoyan el derecho al aborto —que creen que una mujer tiene derecho a tomar las decisiones sobre su propio cuerpo— han tenido que enfrentar la realidad de que el derecho a elegir se puede utilizar de manera selectiva para abortar fetos considerados genéticamente indeseables. Y muchos descubren que, mientras que apoyan el derecho de una mujer a practicarse un aborto si no quiere tener un bebé, se sienten menos cómodos cuando es utilizado por mujeres que no quieren tener un bebé en particular.
“¿Cuánta capacidad de elección se quiere dar realmente?”, preguntó Arthur Caplan, presidente del departamento de ética médica, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Pennsylvania.
“Ése es el desafío que plantean las pruebas prenatales a los partidarios del aborto”.
Para muchas mujeres y sus parejas, la decisión de interrumpir un embarazo, después de un diagnóstico prenatal que detecta un grave defecto genético, puede ser horrible y suele producirse tras una dolorosa evaluación de sus propios recursos emocionales y financieros.
La opción goza de amplio apoyo: el 70 por ciento de los estadounidenses dijo creer que las mujeres deben poder obtener un aborto legal si existe una alta posibilidad de que el bebé tenga un un defecto grave, de acuerdo con una encuesta, de 2006, llevada a cabo por el Centro Nacional de Investigación de la Opinión, en Estados Unidos.
Sin embargo, algunos defensores de los derechos de los discapacitados abogan por la necesidad de reconciliar la protección del derecho al aborto con el imperativo democrático de acoger la diversidad humana.
“Creo que si la respuesta es sencillamente: ‘Todos ustedes se oponen al derecho a elegir de las mujeres’, se pasa por alto algunas de las problemáticas importantes que ahora se plantean sobre los derechos de los discapacitados”, dijo Andrew Imparato, presidente de la Asociación Estadounidense de Personas con Discapacidades.
Imparato dijo que le había perturbado enterarse, recientemente, de que en varios estados donde se han realizado esfuerzos legislativos para restringir el derecho al aborto, grupos, como Paternidad Planificada, suelen cabildear para que se brinde una exención a mujeres que descubren que su hijo tendría una discapacidad.
Un creciente número de parejas fértiles ahora emplean la fertilización in vitro para obtener mayor control sobre la composición genética de sus hijos. Los médicos examinan los embriones para detectar un alto riesgo de desarrollar cáncer de mama o artritis, e implantan sólo embriones con la composición genética deseada.
Las interrogantes podrían volverse aún más turbias si las pruebas se extienden a rasgos como la homosexualidad o la inteligencia.
Kirsten Moore, presidenta del Proyecto de Tecnologías de Salud Reproductiva, organización a favor del aborto, dijo que cuando su personal debatió recientemente si deberían recomendar la prohibición de alguna prueba prenatal, les resultó imposible establecer el límite, ni siquiera respecto a la selección de sexo, que a casi todas les pareció moralmente repugnante.
“Todas teníamos nuestras propias áreas de incomodidad y, sin embargo, no pudimos obligarnos a decir: ‘Ésta es la raya, firme y clara’, porque ése es el meollo de la filosofía a favor de la elección de la mujer”, dijo.
“Nunca puedes tomar la decisión que le corresponde a otra persona”, agregó.