Reacciones. Familiares de soldados han mostrado su descontento ante lo que consideran una trato especial para el tercer sucesor de la corona británica.
Algunos dicen que se tomó la decisión correcta, y otros la consideran ridícula. La orden de no enviar al príncipe Enrique a Iraq, porque insurgentes amenazaron con matarlo, se ha convertido en un debate en Gran Bretaña.
“Creo que el público en general, pero especialmente el vinculado al ejército, está molesto por la forma en la que se ha manejado el asunto”, indicó Amyas Godfrey, un experto en asuntos militares.
Algunos familiares de soldados manifestaron su descontento por lo que consideran un trato especial. “¿Que no es un lugar seguro para él allá? No es un lugar seguro para ninguno de ellos”, expresó Gella Tomlin, la esposa de un soldado británico, a la BBC de Londres. “¿Con quién debo hablar para que no envíen a mi marido?”, añadió.
Reg Keys, cuyo hijo murió en Basora en el 2003, sostuvo que era una decisión de mal gusto. “Pareciera como si la vida de Enrique es más valiosa que la de mi hijo o la de las casi 150 personas que han muerto”, le dijo Keys a la BBC.
El secretario de Defensa, Des Browne, refirió que entendía la preocupación de las familias, pero argumentó que el envío de Enrique a Iraq habría incrementado el riesgo para los demás desproporcionadamente.
Los soldados en servicio dijeron entender la decisión del general Sir Richard Dannatt, jefe del estado conjunto, quien anunció el pasado miércoles que el príncipe no iría a Basora por amenazas específicas contra su vida, que lo expondrían no solo a él sino a los que estuvieran a su alrededor a un riesgo inaceptable.
El diario The Daily Telegraph señaló que el ejército jamás debió considerar el despliegue de Enrique, tercer sucesor a la corona, a una zona de guerra, porque ahora, al retractarse de la decisión inicial, se le ha dado una victoria a los insurgentes.