Director. El cubano Enrique Pérez Mesa dirige a la agrupación esta noche en el Teatro Centro de Arte.
Dirigió la orquesta del Ballet de Alicia Alonso, de cuya maestra, comenta, aprendió la disciplina, el respeto, el rigor que debe tener todo artista. Actualmente Enrique Pérez Mesa comanda la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba y el departamento de Dirección Orquestal en el Instituto Superior de Arte.
Aunque es un músico académico y efectúa un intenso trabajo en el campo sinfónico en Cuba, no hace esa división que muchos suelen establecer entre música clásica y popular. Le encanta la salsa y le gusta tomarse un mojito oyendo boleros.
Para este cubano únicamente hay buena o mala música. “Hay mucha música popular mala y hay mucha música clásica mala. Y mucha música popular buena y mucha música clásica buena”, dice. Una de sus tantas iniciativas para ganar a un público joven es la fusión. La agrupación que dirige ha hecho conciertos junto a las grandes figuras de la canción popular cubana, como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés u Omara Portuondo.
“Esto ha ayudado a la música sinfónica a tener más público y ha ayudado también al músico popular, porque no es lo mismo cantar con guitarra que con una sinfónica”, refiere. Y acota que además es la tendencia mundial: Luis Miguel cantó con la sinfónica de su país. Joan Manuel Serrat grabó el disco Serrat sinfónico, por citar dos casos.
Pérez, quien antes de ser director se graduó de violinista, está en Ecuador. Llegó invitado por la Sinfónica de Guayaquil y esta noche dirige a la agrupación local en un concierto gratuito que se realiza en el Teatro Centro de Arte, a las 19:30.
Interpreta un programa integrado por música clásica. Davit Harutyunyan, director titular de la orquesta guayaquileña, le solicitó que le enviara tres propuestas de programa. Se escogió, finalmente, la que incluye la Primera Sinfonía de Beethoven, la Cuarta Sinfonía de Tchaikovsky y La urraca ladrona, de Rossini. “Son obras del repertorio de la orquesta, obras muy conocidas en el argot musical”, señala Pérez. Dice que en el primer acercamiento a la orquesta ha trabajado sobre un terreno conocido tanto para él como para los músicos . Refiere que le parece una orquesta sólida, cuya mayor fortaleza la tiene en las cuerdas.
Su estadía en la ciudad la conceptúa como agradable. La gente es amable y dice que cuando cuenta que es cubano le da más cariño aún. Conversando con Harutyunyan ha hallado nexos. Descubrió que su maestro de violín, el armenio Billy Mokatzian, fue amigo del padre del director de la orquesta guayaquileña. “Mokatzian vivió en Cuba y yo aprendí a tocar bastante el violín. Es uno de los principales maestros que ha tenido la historia del violín en Cuba”, expresa. Lo alegra saber que Harutyunyan conoció a su maestro.
Manifiesta que ser violinista y haber tocado por años en orquestas le ayudó a entender mejor a los músicos. “Se dice que el director de orquesta es un dictador. Yo no creo en esa corriente. Creo que un director es un músico más y debe tratar a los músicos con respeto”, indica. Confiesa que siempre le gustó la dirección y que cuando estudiaba violín con el arco del instrumento dirigía imaginariamente.
Señala que hace años en Cuba sucedió lo que ahora pasa aquí: que la orquesta estaba integrada por un buen número de músicos extranjeros. Este hecho lo ve con buenos ojos, porque el que gana es el país, anota. En Cuba esos músicos prepararon gente, dejaron sus enseñanzas, formaron profesionales y ahora las orquestas están integradas ciento por ciento por músicos locales.
PERFIL: Enrique Pérez
EDAD
47 años. Nació en Matanzas, Cuba, en 1960.
ESTUDIOS
Se graduó en la especialidad de violín en la Escuela Nacional de Artes y de dirección orquestal en el Instituto Superior de Arte.
GÉNERO
Participó en el Congreso de personalidades de la música celebrado en Jerusalén.