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La ‘gran sequía’ australiana |
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Australia está a punto de tener sus primeras elecciones en las que el cambio climático será un tema primordial. En tan solo doce meses, el cambio climático ha pasado de ser algo con poca importancia a un tema que podría inclinar el voto.
Casi en cualquier parte donde uno viaje estos días, la gente habla sobre el tiempo y de cómo ha cambiado. No obstante, en ninguna otra parte encontré que esto sea más cierto que en Australia, donde “la gran sequía”, con un récord de seis años, ha resecado la región agrícola australiana con tanta severidad que el 19 de abril el primer ministro John Howard pidió literalmente a todo el país que rezara para que llueva. “Le dije a la gente que tiene que orar para que llueva”, me dijo, y agregó: “Lo dije sin ironía alguna”.
Y aquí va lo que es realmente chistoso: ¡empezó a llover! Pero no lo suficiente, razón por la cual Australia está a punto de tener sus primeras elecciones en las que el cambio climático será un tema primordial. En tan solo doce meses, el cambio climático ha pasado de ser algo con poca importancia a un tema que podría inclinar el voto.
En el proceso, Howard, un conservador en su undécimo año en el cargo, ha cambiado de ser un escéptico climático a lo que él denomina “un realista climático”, que sabe que debe ofrecer programas para reducir en Australia las emisiones de gases invernaderos que provocan el calentamiento global, pero quiere hacerlo sin quebranto económico o metas impuestas como lo hace Kioto. Está proponiendo compraventa de emisiones y energía nuclear.
El Partido Laborista, dirigido por Kevin Rudd, propone una meta difícil: para el 2050 una reducción del 60% de las emisiones australianas de CO2 con respecto a los niveles del 2000, y subsidios para que los australianos reacondicionen sus casas con sistemas ahorradores de energía. Todo esto ha ido de abajo hacia arriba, y se ha dado con tanta rapidez que ningún partido puede estar seguro de saber lo que el público realmente quiere.
“Lo que hace un año se consideraba izquierda, ahora es centro, y en seis meses será conservador, así de rápido se está moviendo el debate sobre el cambio climático aquí”, dijo Michael Roux, presidente de RI Capital, una empresa de inversiones en Melbourne. “Lo conducen los jóvenes en la sobremesa con sus padres, y los altos ejecutivos y políticos están jugando para alcanzarlos”.
Le pregunté a Howard cómo fue que sucedió. “Fue una tormenta perfecta”, dijo. Primero, fue la advertencia de Nicholas Stern, de Gran Bretaña, quien dijo que el cambio climático no solo es real, sino que podría ser económicamente devastador para Australia. Después, la sequía prolongada obligó a Howard a declarar el mes pasado que “si no llueve con un volumen suficiente en las próximas seis a ocho semanas, no habrá asignación de agua para la irrigación” hasta mayo del 2008 para cultivos y ganado en la cuenca del río Murray Darling, que representa el 41% de la agricultura australiana.
Fue como si el faraón hubiese prohibido la irrigación con aguas del Nilo. Los australianos quedaron impactados. Después, los tradicionales incendios de la maleza australiana, que por lo general son en enero, se produjeron en octubre porque todo estaba demasiado seco. Finalmente, en medio de todo esto, Al Gore llegó a Australia y exhibió su película Una verdad inconveniente.
“La coincidencia de todas esas cosas cambió todo el debate”, dijo Howard. Mientras que él tiende a centrarse en los costos económicos de actuar con demasiada agresividad en cuanto al cambio climático, su oponente, Rudd, lo ha estado haciendo en los costos de no hacerlo. Hoy en día, dijo Rudd, las empresas australianas están exigiendo que los políticos “arreglen un ambiente regulatorio” sobre la compraventa de emisiones de carbón para que así las compañías sepan el marco en el que tendrán que operar, porque saben que viene un cambio.
Cuando se analiza el debate en todo el mundo sobre el clima, observó Peter Garrett, ex vocalista de la banda australiana Midnight Oil, quien ahora encabeza las campañas sobre el tiempo del Partido Laborista, se ve que hay dos tipos de conservadores. Los que son como George Bush y John Howard, dijo, que muy en el fondo siguen siendo muy escépticos sobre el ambientalismo y el cambio climático “porque han sido la agenda de alguien más por muchísimo tiempo”, pero también saben que ahora deben ofrecer políticas para al menos neutralizar políticamente este tema.
Y también están los conservadores como Arnold Schwarzenegger y David Cameron, líder del Partido Tory en Londres, que entienden que el tiempo se está volviendo un tema altamente definitorio y que en realidad se lo quieren quitar a los liberales siendo más proclives a estar a la vanguardia de lo que realmente están.
En resumen, el cambio climático es el primer tema en mucho tiempo que realmente podría sacudir la política occidental. Los conservadores tradicionales ahora pueden construir puentes hacia los liberales verdes; los liberales tradicionales pueden hacer causa común con empresas verdes; los jóvenes electores verdes están libres para quienquiera. Y mientras los sindicatos de mineros del carbón se oponen a las restricciones por el calentamiento global, los de los servicios, que prestan sus servicios en hoteles turísticos costeros, necesitan abrazarlas. Todo esto y más se puede ver en Australia en la actualidad.
La política se pone interesante cuando deja de llover.
© The New York Times News Service |
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