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Dinero de la coca motivó a miles a exponerse al riesgo |
Mayo 13, 2007
El dinero de la coca fue la atracción fatal para cientos de ecuatorianos que, durante casi dos décadas, se constituyeron además de víctimas de masacres, sentencias y amenazas, en los protagonistas de hechos que hoy hasta constituyen leyendas. Ese periodo, desde 1985 hasta cerca del 2005, es de añoranza para unos, de olvido y desilusión para otros.
Algunos casos marcaron para siempre aquella presencia. Uno de esos es el de la sentencia a las trabajadoras sexuales que ingresaban de Ecuador. Sucedió en 1998, época en la que, además de hombres de toda condición, decenas de mujeres de distintas ciudades ecuatorianas ingresaban al Putumayo colombiano para laborar en prostíbulos de La Dorada, La Hormiga, Orito, El Tigre y otras localidades.
El sucre, la antigua moneda ecuatoriana, se desvalorizaba seguido frente al peso colombiano. Así, una mujer ecuatoriana lograba reunir hasta dos millones de sucres a la semana, mientras el sueldo promedio en su país para un profesional era de 600 mil.
Pablo, un marañero (canoero) de La Punta, sitio por donde los ecuatorianos cruzaban la frontera por el río San Miguel, refiere que un promedio de 60 féminas por semana iban a la zona influenciada por los paramilitares. Una cifra similar se dirigía a los sectores dominados por la guerrilla de las FARC.
En ese ir y venir, una joven de 22 años se convirtió en la amante de un jefe guerrillero y en espía mientras laboraba en la zona paramilitar. Pasó medio año hasta que fue descubierta.
Entonces, los paras –cuenta Pablo y lo detallan otros ciudadanos de ambos países– llegaron una tarde al sitio donde ella y otras 20 prostitutas laboraban. Les hicieron formar frente a los clientes y las acribillaron. De sus cuerpos nadie supo.
“No regresaron. Los testigos trajeron la advertencia de los paramilitares. Las prostitutas ecuatorianas estaban sentenciadas a muerte si iban a la zona. Desde ahí, pocas osaron a desafiar esa orden”, dice Pablo, quien agrega que, pese a estos hechos, fue una época dorada para los ecuatorianos. En La Punta, hoy un pueblo semiabandonado, unas 60 canoas iban y venían a diario con pasajeros.
Vinicio Puente Lara, cuyo hermano Gleicer desapareció en Colombia, refiere que un jornalero percibía como mínimo 12 mil pesos al día, que al cambio en esa época significaban 76.000 sucres, mientras el salario promedio en Ecuador era de 10.000 sucres. En tiempos de cosecha, la paga era doble.
Los buenos ingresos atrajeron también a médicos ecuatorianos, especialmente de Quito y Guayaquil. En La Hormiga, el profesional Juan Yunga, fallecido hace un año, alquiló una de las clínicas más grandes del poblado, entre 1994 y 1999. Luis Mario Ortega, hoy propietario de ese centro, dice que todo el personal médico y administrativo era ecuatoriano, y cita como ejemplo a un ginecólogo de nombre Juan Vera.
Más doctores de Ecuador trabajaban en otras clínicas, que con la llegada de los paramilitares fueron atacadas, en algunos casos incendiadas y su personal desapareció sin dejar rastro, bajo la acusación de ser médicos al servicio de la guerrilla.
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