Viernes 11 de mayo del 2007 La Caja

Insensibilidad

La televisión es –más que nada– un estado de ánimo, se ha dicho en esta columna. En otras palabras, la TV transmite en  emociones, sensaciones, una atmósfera que como neblina se despliega sobre el espectador.

Ese estado de ánimo puede ser agradable, negativo o simplemente transmitir frialdad y hasta insensibilidad. El televidente recibe esos efluvios y los procesa de acuerdo con su propia situación. Pero si uno está desatento la neblina televisiva se va metiendo bajo los poros. Y eso es un peligro.

Martes por la noche. Un día como cualquier otro frente al televisor. Llegan esas escenas que debieran estremecer a cualquier ser humano sobre el planeta: la adolescente lapidada salvajemente por su propia familia en Iraq. Las escenas de una cámara casera muestran el horror del crimen: ¿Qué objetivo tiene emitir esas imágenes en un  noticiero? Horrorizar, conmover, denunciar, condenar la  opresión de millones de mujeres en el mundo. En ‘Televistazo’ se presentan las imágenes y no provocan ningún gesto, ningún comentario de solidaridad humana, Alfonso Espinosa de los Monteros simplemente da paso a la siguiente noticia, una frivolidad frente a lo que se acaba de ver.

La TV es un estado de ánimo: la insensibilidad frente al dolor ajeno. ¿Más pruebas? Bueno, esa mañana, por Ecuavisa también, se transmitió en vivo la amputación de la pierna de una policía accidentada con su vehículo. Tampoco allí hubo un gesto humano en la pantalla.
La Caja

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