Demócratas y republicanos mantuvieron este jueves duras negociaciones en el Senado sobre el proyecto de reforma de la ley de inmigración, que necesita el apoyo de al menos diez miembros del partido del presidente George W. Bush para iniciar formalmente el debate la próxima semana.
"Nuestras conversaciones fueron serias y justas, pero ahora mismo no tenemos un acuerdo", admitió el senador demócrata Bob Menéndez (Nueva Jersey), un día después que el jefe de su grupo, Harry Reid, depositara formalmente el proyecto de ley para iniciar el lunes el debate en el pleno del Senado.
"Hay temas muy difíciles que todavía están en la mesa, que no se han podido resolver para tener una reforma migratoria que sea amplia y justa", añadió el político cubanoestadounidense, dejando claro que el proyecto no ha logrado todavía el apoyo de los 10 republicanos que necesita para abrir formalmente el debate.
Menéndez señaló tres áreas en las que no hay consenso todavía: la reunificación familiar, el sistema de puntos para otorgar la residencia o la nacionalidad, así como la posibilidad de que los indocumentados puedan obtener una revisión de su caso si se rechaza su solicitud de regularización.
Reid introdujo la víspera un proyecto de reforma calcado sobre el modelo aprobado hace un año por el Senado, entonces controlado por los republicanos.
Para abrir el debate en el pleno a principios de la próxima semana, requiere el apoyo de 60 de los 100 senadores, por lo que necesita a diez republicanos.
Menéndez acusó a la Casa Blanca de haber presentado "este año con una propuesta que es menos práctica y más partidista que la del año pasado", que ha sido bloqueada en la Cámara de Representantes por el sector más radical del Partido Republicano del presidente George W. Bush.
Al político demócrata le sorprendió que el pasado año 26 republicanos aprobaran la reforma en el Senado y que este año no estén dispuestos a dar su apoyo a un texto similar, que abriría el camino a al regularización de los cerca de 12 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos.
De parte republicana, varios senadores exigieron un plazo más amplio a Reid: "Una ley de consenso es la reforma migratoria que el Congreso tiene mayores posibililades de convertir en ley", advirtió Jon Kyl (Arizona).
"Estoy preocupado por las informaciones de que los demócratas puedan tratar de aprobar la ley del pasado año en lugar de seguir buscando una solución bipartidista", añadió el congresista.
La víspera, cuatro republicanos escribieron directamento a Reid: John McCain (Arizona), que había lanzado con Edward Kennedy el proyecto del año pasado, el cubanoestadounidense Mel Martínez (Florida), muy cercano a Bush, así como Lindsey Graham (Carolina del Sur) y Arlen Specter (Pensilvania).
"Instamos (a Reid) a permitir que sigan estas importantes conversaciones bipartidistas, al aplazar sus esfuerzos para avanzar con proyectos de leyes que no lograron convertirse en ley en el pasado", advirtieron.
Frente a estos argumentos, Menéndez subrayó la necesidad de aprobar la reforma cuanto antes, para evitar que sea utilizada políticamente durante la campaña presidencial para las elecciones de 2008.
"Si no lo hacemos este año, no tendremos (reforma) antes de varios años", alertó.
De ser aprobada en el plazo previsto, la reforma migratoria, que incluye medidas represivas para frenar la inmigración ilegal y una vía para regularizar a los indocumentados, sería luego presentada a la Cámara de Representantes, donde los demócratas tienen una amplia mayoría.