- MAY. 09, 2007 - Foto - Internacionales - EL UNIVERSO
La guerra que el gobierno de Álvaro Uribe libra contra las drogas y el narcotráfico toca un nuevo extremo al prohibir vender productos fabricados con hojas de coca, mayormente por comunidades indígenas.
Con la ayuda de más de 600 millones de dólares anuales que proporciona Estados Unidos, Uribe ha reforzado la política antidrogas de Colombia. Endureció una ley para despojar a los narcotraficantes de sus bienes, ha extraditado a unos 520 para que purguen condenas en Estados Unidos e intenta prohibir el consumo personal de drogas tolerado constitucionalmente bajo el precepto del libre desarrollo de la personalidad.
Ahora sus garras antidrogas llegan a las estanterías de los supermercados.
El Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (INVIMA) proscribió en febrero vender productos fabricados con hojas de coca.
El director de esa institución, Julio Aldana, dijo que los productos de coca no puede ser sino comercializados en territorios indígenas.
Aunque desde hace años se ofrecen en mercados callejeros, supermercados y tiendas naturistas, nunca tuvieron registro sanitario del INVIMA, que toleró su venta permitiendo que en uso de la autonomía que les otorga la Constitución a los pueblos indígenas, éstos emitieran sus propios registros, relató David Curtidor, representante de un proyecto de la etnia nasa que vende té, galletas y otros productos de coca.
Ese acuerdo nunca quedó plasmado oficialmente, pero ahora el INVIMA cambió su parecer y se lo comunicó a las secretarías de salud de todo el país para que hicieran acatar la prohibición.
Unas cuantas unidades de té y gaseosa de coca fueron decomisadas aisladamente en tiendas del país, sin que ocurrieran operativos masivos, indicó Curtidor. Aún se exhiben los productos en numerosas tiendas.
Aldana sostuvo que la Convención Única Contra Estupefacientes de 1961 impide comercializar coca, cualquier derivado y hasta promueve arrancar de raíz todos los arbustos de coca que crezcan en estado silvestre y (los países signatarios, como Colombia) destruirán los que se cultiven ilícitamente.
Por ello, existe una comunicación del INVIMA a los entes territoriales para que impidan, restrinjan la comercialización de estos productos, declaró.
En el mundo indígena esa prohibición no tiene sentido.
A Carlos Mamanché, un médico tradicional del pueblo muisca, sus ancestros le enseñaron que el ayo, como llama a la coca en su lengua, sana problemas del estómago... si tiene cáncer de estómago... si tiene problemas del corazón o de la sangre empiece a tomar té de coca con limón y eso empieza a bajar, igual a los que están de sobrepeso... para la presión arterial, para los nervios, para los que no pueden dormir.
Cotidianamente, Mamanché masca las hojas mezcladas con cal igual que millones de indígenas andinos, otro hábito que la convención pidió erradicar hasta ahora infructuosamente.
En los Andes se ofrecen productos de coca por doquier, pero sólo Perú goza de una autorización para vender coca y hasta cocaína gracias a una salvaguarda que hizo a la Convención.
Este arbusto es criminalizado porque, con un proceso relativamente sencillo, de sus hojas se puede extraer cocaína, una droga que ha sido una pesadilla para Colombia, en donde se produce la mayoría de ese alcaloide a nivel mundial.
Curtidor sospecha que la persecución a los productos viene de un pleito contra Coca-Cola, del que salieron airosos en octubre al ganar la potestad de llamar Coca-Sek -coca del sol en idioma nasayú- a su bebida gaseosa.
Perdieron la pelea en octubre del año pasado y en febrero el gobierno nacional toma la medida de prohibir la venta de Coca-Sek... por qué no se prohíbe en Colombia la venta de Coca-Cola que es un producto que también tiene hojas de coca?, manifestó.
En una declaración escrita, Coca-Cola confirmó haber objetado el nombre de esa bebida pero rechazó cualquier intervención en las decisiones del gobierno colombiano o de otro país. Se abstuvo de comentar los ingredientes de su fórmula.
La asesora jurídica del INVIMA, Carolina Contreras, manifestó que la prohibición no se desprendió de este conflicto comercial sino de un aviso de Naciones Unidas de junio del 2006 que menciona informes sobre la fabricación y distribución de una bebida refrescante que emplea hoja de coca en una comunidad indígena y conminó a Colombia a cumplir las restricciones internacionales prevalecientes.
El gerente comercial de la Empresa Nacional de la Coca (ENACO) de Perú, Jimmy Salcedo, indicó que anualmente le venden entre 42 y 50 toneladas de hoja de coca a una compañía estadounidense llamada Stepan Company, por medio de la que, según dijo, se abastece Coca-Cola.
La ENACO exporta una línea de infusiones y harina de coca; igual que unos 400 kilogramos de cocaína anuales que venden cada año a laboratorios europeos para usos médicos, explicó Salcedo en una entrevista telefónica.
Uno de los 13 integrantes de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), órgano de las Naciones Unidas que vela por el cumplimiento de la Convención, el colombiano Camilo Uribe, expresó que el té de coca para comercialización, en el caso de Colombia, no tiene registro sanitario del INVIMA ni lo puede tener por las razones de los tratados internacionales; en el caso de Perú sí lo tiene y contraviene la legislación internacional.
El temor de la JIFE es que algún avispado extraiga la coca de las bolsitas de té y la procese para obtener cocaína.
Si tengo un container (contenedor) lleno de bolsitas de té de coca cómo controlo que no se desvíe a un mercado ilícito? Porque ya con un container puedo obtener clorhidrato de cocaína, expresó Uribe.
Para obtener un kilogramo de cocaína se requiere procesar más de 800 kilogramos de hojas de coca, según la policía antinarcóticos colombiana.
Curtidor pidió que la Corte Constitucional resuelva si pueden vender sus productos, pero si no lo consiguen, como represalia, prohibirán vender en territorios indígenas bebidas embotelladas como Coca-Cola y Pepsi-Cola, dijo el consejero José Buenaventura, el máximo líder del Consejo de Resguardos Indígenas del Cauca (CRIC), una influyente organización.