Aparte de estas características que moldean su perfil básico, también podemos decir que es una de las destacadas influencias en las Artes visuales en la actualidad, llenando espacios con sus más controversiales ideas. No creía en Dios, en la moral o el amor. “ ¿Qué es el amor?” - preguntaba para responder instantáneamente - “Solo existe la obsesión sexual”.
El horror baconiano
Bacon decía que uno podía ser más horrorífico que la vida misma. Solo había que ver las noticias en la televisión para darse cuenta. En cuanto al concepto de horror, respondía sensible, es la gente que lava el cerebro a otros sin ninguna razón aparente, solo por pasar el tiempo.
Con tan solo 16 años, Bacon fue desarrollando su interés hacia las expresiones de horror del ser humano.
Una de las imágenes que lo cautivaron vívamente fue La matanza de los Inocentes, de Nicolás Poussin. La conocería en sus visitas al Museo de Condé en esa época y desde ese entonces recurriría a los gritos como el de aquella mujer desesperada por su hijo en varias de sus obras.
Para Francis Bacon lo importante era siempre la imagen, nunca el mensaje. Él prefería evadir los nombres que explicaran mucho acerca de la obra, así que en vez de estos utilizaba nombres como Studio de.., Cabeza I, Cabeza II, o los llamaba, simple y confusamente, Tríptico y la fecha en que lo realizaba.
“No creo que una obra de arte se llegue a terminar alguna vez”, expresaba para sustentar su idea de no darle una identificación a sus cuadros.
Esta ambigüedad fuertemente vigente en el trabajo de Bacon es un referente crucial de la pintura posterior a la II Guerra Mundial, cuando la expresión contemporánea comienza a aparecer.
La pintura de Bacon es de corte expresionista pero muy difícil de clasificar, porque nunca perteneció a ningún movimiento artístico.
Los gritos del Papa
El papa Inocencio X era famoso por su vitalidad, además de su fealdad, que algunos pensaban incluso que descalificaba para ser Papa. Velázquez suavizó su fealdad, sentado y girado hacia su derecha, con bonete y mantelete rojos, y el roquete blanco.
Sin duda lo que mejor se aprecia es el rostro, donde Velázquez capta la personalidad del retratado; siempre alerta, desconfiado.
Bacon hizo una serie de Papas por una razón curiosa; decía que al pintar al Papa gritando, no estaba realmente gritando. Su intención era hacer del grito algo tan intenso y tan hermoso como un ocaso de Monet.
El Papa de Bacon se encuentra prisionero en un cuadrado, aislado, con la cara desdibujada con crueldad, mientras el sujeto grita con los puños apretados. Bacon solía representar a las figuras en un estado de angustia, expresando corporalmente el dolor, demostrando así la mente humana.
Según el filósofo francés Gilles Deleuze, autor de uno de los ensayos que mejor analizan la obra del pintor, Francis Bacon: Logique de la sensation, las figuras de Bacon son las que mejor representan al hombre del siglo XX, si Cézanne lo hizo con el paisaje, Bacon llevó al hombre a su mejor representación ar tística en relación al hombre angustiado por la vida, pero entusiasmado por el arte.
Bacon nuevamente a la luz
Entre los supuestos desperdicios que rescató un electricista amigo de Bacon y que se subastaron hace 5 días por la casa de remates de Chris Ewbank, se encontraban artículos tan valiosos como una serie de retratos mutilados, una colección de fotografías, páginas de diarios personales, cartas, telegramas, hasta recuerdos de sus amantes.
La colección procede del último estudio-residencia de Bacon en Londres. El taller de Bacon se caracterizaba por ser un completo revoltijo de papeles, dibujos, telas rotas y pinceles.
Para poder entender al hombre que fue Francis Bacon, es necesario entender que era contradictorio. Era solitario pero gustaba de la compañía. Su trabajo parecía pesimista, sin embargo, poseía un innato optimismo que lo ayudaba a sobrevivir en su propio caos.
Decía preferir el tormento a cualquier otro estado; que si viviera en el infierno, siempre sentiría que tiene una oportunidad de escapar.
¿En qué están verdaderamente interesados los artistas? En la vida. Los artistas son amantes de esta, de manera más vívida y violenta. ¿Y cómo lo hacen? (...) Pintan para atrapar lo que trasciende”.
Francis Bacon