15’617.000 dólares del presupuesto de la DNRS se destinan para pagar sueldos.
Con pocas armas, algunas entregadas como dotación hace 16 años, una radio y a veces solo con un tolete, 120 guías realizan, con dificultad, la custodia de más de 6.900 reos del Centro de Rehabilitación Social de Guayaquil y el Centro de Detención Provisional (CDP).
En la cárcel de varones existen 5.914 internos y 30 guías por cada turno. A cada custodio le correspondería vigilar 197 presos, pero ante el escaso personal debe controlar cuatro y hasta cinco pabellones, cada uno con un promedio de 450 reos.
Esta falencia de logística y personal se repite en las 37 cárceles del país que albergan a 16.362 internos.
La fuga de 16 presos de la cárcel El Rodeo de Portoviejo, la evasión de un reo “inexplicablemente” cuando acudió a una audiencia en el Palacio de Justicia, y el asesinato de la directora (e) de la cárcel de varones de Guayaquil, por venganza, evidencian en tan solo una semana una aguda crisis del sistema penitenciario en el país.
Los tres hechos, ocurridos al finalizar abril, no hacen más que demostrar la “tentación” en la que pueden caer policías y guías, la carencia de logística y personal para efectuar un control en las 38 cárceles y el peligro al que se exponen autoridades y custodios por mafias que controlan las prisiones.
En la fuga masiva, seis de los reclusos fueron recapturados y de acuerdo con las investigaciones preliminares de la Fiscalía de Manabí, el guía Jimmy Párraga ayudó al reo César Mendoza a ingresar explosivos y armamento al centro. El caso está en una etapa de investigación.
El director nacional de Rehabilitación Social, Ricardo Arteaga, señaló que se aplicarán sumarios administrativos si se comprueba la responsabilidad de autoridades y trabajadores de la cárcel El Rodeo, incluyendo a su director, Juan Vera, quien es su primo y que –aseveró– entró por concurso.
Desde agosto del 2006 hasta abril del 2007, durante la gestión de Arteaga, 70 funcionarios y guías han salido por incumplimiento de jornada, por infringir leyes del sistema penitenciario, tomar licor en horas de trabajo, colaborar en fugas de reos, ingresar droga o porque se comprobó que eran ex policías o ex militares y algunos de ellos dados de baja (prohibido por la ley). De estos 23 tenían nombramiento y 47 contrato.
En la Penitenciaría del Litoral casi la mayoría de los guías enfrentan una causa por una fuga o evasión de un reo. Al momento están detenidos un policía, el jefe de guías y un guía del pabellón Atenuados Alto por la fuga de Juan Evangelista Solarte, involucrado en el caso de narcotráfico Tsunami, ocurrida el pasado 27 de febrero. También está detenida la guía Rosa Quinto por ingresar cinco botellas de licor en la cárcel. A ella se le impondría una sanción pecuniaria, pero además está detenida por un juicio de hurto.
En el país hay 1.138 guías para 16.362 reos de las 38 cárceles. Las normas internacionales establecen un guía por cada 10 internos, pero la realidad es que hay uno por cada 70. El caso más crítico es en el Centro de Rehabilitación Social de Guayaquil, que tiene 40 guías por turno (son tres jornadas) para la custodia de más de 6.900 reos hacinados en las cárceles de mujeres y de varones y el Centro de Detención Provisional. Eso equivale a un guía por cada 172 presos. Del total de guías, 30 son contratados y su paga demora a veces hasta 3 meses.
Una fuente de la Dirección Nacional de Rehabilitación Social de Quito –que prefiere el anonimato– sostiene que los guías, a nivel nacional, no son adecuadamente seleccionados. En ocasiones, los interesados son familiares, hermanos o “recomendados” de los guías que ya laboran en el sistema penitenciario. Pese a que hay una disposición de que no reingresen trabajadores sancionados o despedidos, hay casos en que se omitió esta decisión.
El requisito máximo es ser bachiller y no poseer antecedentes penales. La fuente reveló que los aspirantes pagan altas sumas de dinero para tener un cupo en el sistema penitenciario. En las pruebas psicológicas se han detectado personas con perfiles delictivos y violentas, pero a pesar de estas observaciones son contratadas.
Arteaga admitió que este tipo de prácticas se dio en el pasado, cuando “el ingreso era artesanal. Se usaba mucho la coima para ingresar al sistema, pagaba para entrar sin curso, el procedimiento era común”, dijo.
El nuevo personal recibe un curso de un mes de entrenamiento en el Grupo de Intervención y Rescate (GIR) sobre defensa personal, cacheo, requisas, tácticas y técnicas de conducción de internos, como actuar en casos de crisis o ingreso de droga. El presidente de la Asociación de Guías de Pichincha, Patricio Portilla, confirma que la capacitación que reciben no es la adecuada.
A esto se suma la falta de armamento. En la cárcel de varones de Guayaquil solo 40 guías poseen revólveres, calibre 38, que fueron entregados hace 16 años, el resto usa tolete y otros radio. Algunos no tienen ni siquiera cinto para el arma que, en su mayoría, la compran para su defensa. “Nos entregaron 90 uniformes, pero 40 estaban mal confeccionados y fueron devueltos. Es imposible controlarlos porque ante la carencia de personal se duplica el trabajo y un guía, a veces, se encarga de tres y hasta cinco pabellones, cada uno con 450 reos”, dijo Luis Fuel, jefe de seguridad de la cárcel de varones que tiene 25 pabellones y 5.914 reclusos.
Utensilios
Los candados y llaveros aún son parte de la seguridad de las puertas de los centros de rehabilitación social, los cuales pueden ser violados.
Sin equipos
Un chaleco, un tolete, un gas, un uniforme con botas, chompas impermeables y a veces pistolas son las únicas herramientas con que cuentan los guías de las cárceles.
Impedimento
No pueden ser guías quienes han sido dados de baja de las Fuerzas Armadas, Policía, Comisión de Tránsito del Guayas o sancionados por el sistema penitenciario.
Requerimientos
Los aspirantes deben tener entre 18 y 35 años. Haber realizado el servicio militar y pasar las pruebas médicas, psicológicas, académicas y físicas.
Personal
Los listados de aspirantes se envían al archivo central de la Policía para que certifiquen si tienen antecedentes.
Planchas
En el pabellón A en el penal García Moreno en Quito, únicamente se colocan planchas de acero en pisos y paredes para evitar la construcción de túneles.