Pasan los días y todos miramos atónitos cómo un puñado de gente inescrupulosa se pelea el poder como si fuera un pedazo de carne para perros hambrientos.
Tratan de imponerse como sea y contra quien sea en pos de mostrarse como el más fuerte y con más apoyo. Pasan los días y nos damos cuenta de que cada vez más se acentúa el hecho de que el pueblo solo es utilizado para que unos cuantos tomen el poder, para luego ejercerlo como una oportunidad para dejar ver sus odios personales y autoritarismo, dejando al mismo pueblo fuera de todo proyecto que se trace.
Nadie habla del verdadero país. Ese país que está a lo lejos de los centros de poder. Ese país que se muere de hambre, del que su gente viaja en barcos por océanos, en condiciones infrahumanas, buscando un lugar y trabajo mejores porque aquí se lo niegan. Ese país que no da oportunidades, que sufre cerca de un volcán activo buscando refugio cuando el poder no actúa. Ese país que se inunda en invierno y nadie puede hacer el esfuerzo de sensibilizarse ante ellos y ayudarlos. Ese país que no tiene educación, que necesita escuelas y líderes verdaderos. Ese país que tiene seguridad social ineficiente, carece de servicios básicos, sufre la contaminación de los químicos en sus fronteras, y es azotada por la corrupción y la delincuencia. Nada de eso importa.
¿Por qué no importa? Porque aquí solo caben intereses mezquinos, el quién insulta más, el quién destruye más propiedad privada, el que sí es o no es “legal” tal cosa... Estamos llegando a un punto en el que la violencia, las actitudes perversas y –Dios no quiera– asesinas, sean el pan de cada día.
Esto no es un concurso de popularidad, señores que ostentan el poder. Están jugando con el país y va a haber grupos que no van a aguantar más. Si tienen un poco de conciencia, depongan sus actitudes y piensen en el verdadero país. Ese país que no quiere una guerra civil, sino desarrollo y bienestar.
José Luis Chapa Albán,
Guayaquil