Domingo 22 de abril del 2007 Cartas al Director

Infracciones fantasmas


Mi tía fue a matricular su vehículo a la Comisión de Tránsito del Guayas (CTG), luego de haber cancelado en valor respectivo en el banco.

Ella llevó –para pagar– la boleta de una citación por no usar el cinturón de seguridad, impuesta en diciembre del 2006 por un vigilante que se encontraba en los alrededores de su casa, a un familiar que fue a visitarla y le hizo el favor de sacarle el carro del garaje, y mientras él lo maniobraba para dar la vuelta y volver a parqueárselo al pie de su puerta, no se colocó dicho sistema de protección; pero esa sanción se justifica.

Lo que no es justificable ni ético es que al momento de matricular su coche y pagar la multa, la empleada que la atendió le entregó a mi tía un recibo impreso por la computadora con el reporte de la infracción en la que consta otro hecho y protagonista totalmente distinto a lo que en realidad sucedió. El papel indica que un hombre, cuyo nombre jamás ella ni nadie de la familia lo hemos escuchado ni visto (es más, no sabemos si existe o es un nombre inventado por ellos), condujo en contravía el vehículo de mi tía en los primeros días de marzo del 2007. Eso es totalmente falso, pues el vehículo estuvo todo el mes de marzo guardado en su garaje de la vivienda porque ella estuvo de viaje en el exterior y nadie se lo tocó, pues es la única persona que maneja en su casa. Además, la multa por conducir en vía contraria es una de las más caras que existen  y lo que la CTG cobró fue siete dólares, valor que imponen cuando no se usa el cinturón o se abusa del pito.

Cuando le pedimos explicación a esa empleada, no supo qué decir, solo tomó el dinero y lo guardó (como vimos que todas sus otras compañeras lo hacían) en el cajón de su escritorio, y añadió que averiguáramos en las dependencias del centro. Al salir, en la puerta, escuchamos a una usuaria contrariada preguntarle a un vigilante porqué le habían puesto una multa también “fantasma” o inventada. Nos acercamos a ella y el agente permaneció mudo. La dama nos dijo que jamás la habían citado y que estaba sorprendida porque al matricular su carro le cobraron siete dólares por pitar demasiado; en el recibo que le dieron decía que un sujeto tal, para ella totalmente desconocido, había conducido su automotor en cierta fecha y cometido la infracción, cosa que ella indicó jamás ocurrió. La dama y nosotros nos preguntamos cuántas personas más pasarían por lo mismo  y a dónde se iría esa plata de cobro de “infracciones”. 

Nosotros nos fuimos a la CTG del centro (Chimborazo) a averiguar y pedir una copia de la citación. Mientras estábamos en la cola, varios usuarios nos contaron, quejándose, que les habían salido infracciones que ellos nunca cometieron. Cuando nos llegó el turno, nos atendió un sujeto que en tono cortante dijo “esperen”, y se ubicó detrás de una puerta, para luego indicarnos por la ventanilla que aún el reporte de esa infracción no había llegado porque, según “dice el general” (¡quién será ese!), estaría por llegar en unos quince días porque la infracción se cometió en La Libertad, cuando mi tía ni nadie de la familia hace más de tres años hemos ido por allá, y su carro que es nuevo, hasta ahora ha viajado a la península de Santa Elena.

Luis Rodríguez
Guayaquil
Cartas al Director

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