El 11 de diciembre de 1997 los países industrializados firmaron un documento en el que se comprometieron, en la ciudad de Kioto, a ejecutar un conjunto de medidas para reducir los gases de efecto invernadero.
El Protocolo de Kioto intenta lograr un cambio en el clima futuro, ya que se piensa que el daño medioambiental tendrá un impacto tan serio que deben darse pasos inmediatamente para reducir las emisiones de CO2, a pesar de los costos económicos para las naciones.
Los gobiernos signatarios pactaron reducir en un 5,2% de media las emisiones contaminantes entre el 2008 y 2012. El acuerdo entró en vigor el 16 de febrero del 2005, después de la ratificación por parte de Rusia el 18 de noviembre del 2004.
El Protocolo de Kioto es el instrumento más importante destinado a luchar contra el calentamiento global. Este es el único mecanismo internacional para hacer frente al cambio climático y minimizar sus impactos. Para ello contiene objetivos legalmente obligatorios para que los países industrializados reduzcan las emisiones de los gases de efecto invernadero de origen humano como dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O), además de tres gases industriales fluorados: hidrofluorocarbonos (HFC), perfluorocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre.
La Convención es considerada como un éxito por algunos de los países miembros del Protocolo, ya que permite, entre otras cosas, reforzar la concienciación pública, a escala mundial, sobre los problemas relacionados con el cambio climático. Sin embargo, cuatro de los 34 países originales no lo han ratificado: Estados Unidos, Australia, Liechtenstein y Mónaco.