- ABR. 19, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Un trabajo de investigación del programa ‘La Televisión’ ha revelado en dos semanas lo que era un secreto a voces: el tráfico y esclavitud de niños de las comunidades andinas más pobres del país en las calles de grandes ciudades de toda América Latina.
El trabajo periodístico fue más allá de la caridad o el lugar común de la “explotación infantil” para revelar que hay una red delincuencial que se aprovecha de la miseria.
Los reportajes de los últimos dos domingos en ‘La Televisión’ desencadenaron (¡por fin!) la acción de la justicia y también sacó lo peor de ella: dos fiscales, una de Pichincha y otra de Tungurahua, disputándose el caso.
La última, además, amenaza a los reporteros que descubrieron el caso por no haber “pedido autorización” para divulgar los reportajes.
Por supuesto, las leyes protegen el secreto de las investigaciones fiscales y los periodistas están obligados a respetarlo. Pero otra cosa inaudita e inaceptable es que exista una autoridad de justicia que pretenda supervisar cuál investigación periodística se debe emitir y cuál no.
Aparte, uno se pregunta, ¿por qué los noticieros de otros canales no hacen seguimiento a la investigación, aportan más datos y dan más contundencia? ¿Por qué en la misma Ecuavisa no se retoma el tema en los noticieros en vez de dedicar tiempo a cámaras escondidas en musculosos prostitutos? ¿Acaso los niños esclavos no es un tema lo suficientemente importante? ¿Acaso la sociedad se vuelve tan insensible que a nadie le importa un tema así?