“Salí de casa a las diez de la mañana, el sábado 11 de marzo de 1843, acompañado de mi hijo Víctor. Dejé a todos bien y confío en Dios para que me dé el privilegio y la felicidad de volver a reunirme con todos ellos en algún momento del próximo otoño”. Así escribió John James Audubon al inicio de su última expedición importante por el Río Missouri desde San Luis, hacia Fort Union, a 3.200 kilómetros, en lo que ahora es Dakota del Norte.
Fue su última expedición. Audubon había alcanzado la fama con el libro “Las aves de América” y había comenzado a trabajar en un libro similar acerca de mamíferos norteamericanos. Este viaje en un buque de vapor, por la ruta que los exploradores Lewis y Clark habían recorrido unos 40 años antes, tenía como fin recolectar más especímenes de las Grandes Llanuras.
Terminó el viaje sano y de buen ánimo. Pero en unos cuantos años su salud comenzó a deteriorarse. Murió en 1851 y su hijo John Woodhouse Audubon terminó las pinturas para el nuevo libro “Los cuadrúpedos vivíparos de Norteamérica”.
Más de 50 óleos, acuarelas y litografías coloreadas a mano, realizadas por padre e hijo, no todas del viaje por el Missouri, se encuentran ahora en exhibición en “The Unknown Audubons: Mammals of North America” (Los Audubons desconocidos: Mamíferos de Norteamérica), una exposición que durará diez meses en la renovada Galería Audubon en el Museo Estadounidense de Historia Natural en Nueva York.
Los mamíferos de Audubon no capturan al espectador como sus pinturas de aves. Pero, por otra parte, en términos de color y elaboradas marcas de la piel, los mamíferos tampoco pueden competir con las aves silvestres. Nosotros somos, en comparación, criaturas un tanto monótonas y camufladas. Y Audubon reconoció que los mamíferos no eran su especialidad cuando reclutó a un especialista en mamíferos, el naturalista y ministro John Bachman, para que colaborara en el libro.
La exhibición sí ofrece una oportunidad de echar un vistazo a una parte poco conocida de la carrera y obra del pintor.
El viaje de Audubon por el Missouri llegó en un momento justo antes de su propio deterioro y el de las Grandes Llanuras estadounidenses, que en poco tiempo habrían desaparecido, o casi.
Esas inmensas praderas abiertas, que crecen en el lecho de un antiguo mar interior, alguna vez cubrieron más de 2,5 millones de kilómetros cuadrados entre el Golfo de México y el Ártico. Producían mamíferos de la manera en que el mar produce peces.
Según algunos cálculos, entre 50 y 60 millones de búfalos cubrían las llanuras, acosados y cazados por un millón y medio de lobos. Abundaban venados, antílopes, zorros, tejones y osos. Había tantos perros de la pradera y ardillas terrestres que Bach-man, el experto en mamíferos de Audubon, dijo: “Las variadas ardillas parecen enviadas por Satanás para confundir a los naturalistas”.
Pero a medida que se expandía Estados Unidos, las praderas cayeron bajo el arado.
La cantidad de búfalos, lobos, osos y otros animales disminuyó debido a la caza organizada y porque la tierra de la que dependían estaba en proceso de desaparición.
Ahora queda menos del 1 por ciento del hábitat original de las llanuras. Y muchos de los animales que Audubon y su hijo pintaron casi han desaparecido.
Afortunadamente, muchos conservacionistas han dejado a un lado la nostalgia y la melancolía y han luchado por algunos de los animales que Audubon pintó, como el búfalo, el oso pardo y el lobo. Todos esos son criaturas que continúan ahí y que aún capturan la imaginación popular.