El anfitrión de la cumbre, Hugo Chávez, ha criticado duramente al etanol, por considerar que América Latina debe destinar las tierras a producir alimentos y no combustibles para sustentar "el american way of life", aunque el martes aseguró que "no pelearemos con Brasil ni con Lula por este tema".
El líder cubano, Fidel Castro, cuyo país no integra la Cumbre Sudamericana, también criticó al etanol y acusó al presidente George W. Bush de condenar a "muerte prematura" a más de 3.000 millones de personas con la idea de convertir "alimentos en combustibles".
Las críticas coincidieron con la firma en marzo de un acuerdo para exportar etanol a la región, especialmente a Centroamérica, entre los dos mayores productores del mundo, Brasil y Estados Unidos, éste último lo extrae del maíz.
"No queremos transformar el etanol en un problema ideológico", zanjó el asesor internacional del presidente Lula, Marco Aurelio Garcia.
La Cumbre Energética es una oportunidad para que Suramérica, con una matriz energética más limpia que la de los países desarrollados, adopte compromisos con las energías renovables, dijo el director de campañas de Greenpeace en Brasil, Marcelo Furtado. También reclamó a Brasil y Latinoamérica que exijan a sus industrias que produzcan sus biocombustibles de manera sustentable.
En América Latina la administración Lula ha sellado acuerdos de cooperación en biocombustibles con Argentina, Chile, Colombia, Guyana, Uruguay y Venezuela. También en la región, el año pasado importaron etanol brasileño países como El Salvador, Venezuela, Costa Rica, Trinidad y Tobago y México.
Varios países en la región están adoptando políticas para biocombustibles, como Paraguay que los mezcla con la gasolina o Argentina que aprobó una ley el pasado año en la misma tónica, o Colombia que defiende ser el tercer productor de etanol americano, tras Brasil y EE.UU.