- ABR. 09, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Acabo de pasar en Lima unos días y por supuesto no es mi intención ponerme a calificar la televisión del país del sur, pese a que por deformación profesional llegué literalmente a verla. Sin embargo, es curioso comprobar que las televisiones de América Latina, finalmente, se parecen muchísimo: la misma carga abrumadora de telenovelas, noticieros sesgados, insultos por pantalla, lenguajes durísimos de los comentaristas contra el que se ponga, futbolización, etcétera.
En medio de todo eso, es bastante estimulante y esperanzador mirar las experiencias de académicos y organizaciones de la sociedad civil que han actuado para tratar de mejorar las cosas. Un ejemplo es Rosa María Alfaro Moreno, que ha estudiado a fondo quiénes ven TV o consumen los medios, cómo reciben los mensajes y los procesan en sus vidas reales.
No solo es el estudio: de los proyectos y del trabajo de su ONG, Calandria (Asociación de Comunicadores Sociales), se impulsó el debate público a la Ley de Radio y Televisión que rige actualmente en el Perú, a través de un fascinante proceso participativo de los ciudadanos.
Pero de la conversación con Rosa María me quedan resonando dos sentencias que tienen el valor de la autocrítica. Quienes miramos a los medios (y quienes estamos dentro) nos solemos olvidar con demasiada frecuencia de las audiencias. ¿Y la segunda? Algo más contundente: hacemos demasiado énfasis en los contenidos de la TV, cuando ella, más que nada, transmite climas, estados de ánimo.