Este centro de abastos tiene más de 40 años. Se pide mejorar el local.
El desorden y la suciedad los rodea pero los comerciantes que venden en el mercado de la parroquia mantense Tarqui y sus alrededores parecen acostumbrados a aquel panorama.
La insalubridad se nota más en la planta baja de la estructura del mercado que tiene más de 40 años de antigüedad. Allí hay unos treinta comerciantes que se dedican a vender pollos y carne de res y cerdo.
Los alimentos cuelgan de oxidados ganchos y la sangre se estanca alrededor de los puestos de concreto, donde hay paredes descascaradas y rayadas.
Por aquellos pasillos se pasean compradores como Sandra Cedeño. Ella vive en la ciudadela Ursa, en Manta. “Deberíamos reclamar, dejar de comprar aquí pero la gente parece acostumbrada a esto”, asevera.
Las quejas por las falencias del mercado y el desorden que impera en sus alrededores, también son compartidas por los comerciantes.
Hortensio Zamora, de 74 años, es uno de los 500 vendedores asentados en ocho cuadras que se extienden en las inmediaciones del edificio donde funciona el mercado.
Paga $ 0,25 diarios para ocupar un espacio de la vereda donde coloca naranjas, zapotes y toronjas sobre un saco. Trabaja como vendedor en la calle desde hace 24 años.
Los comerciantes que están bajo techo van más allá. Martha Lucas aduce que la Unión de Comerciantes Minoristas Floresmilo Mendoza Catagua, que administra el centro de abastos desde hace seis años, no les garantiza la energía eléctrica.
“Nosotros tenemos conexiones clandestinas de agua y luz para tener estos servicios, pese a que también debemos pagar tres dólares semanales a la Unión por el arriendo del puesto de comidas”, reitera.
Gonzalo Cuenca, presidente de la Unión Floresmilo Mendoza, admite que urgen mejoras pero niega que se derrochen los fondos que se recaudan.
Este monto sobrepasa los 60 mil dólares anuales. Durante este mes se han recaudado 5.200 dólares por el pago de los vendedores a la Unión.
Cuenca envió un oficio al alcalde de Manta, Jorge Zambrano, en el que detalla los rubros que se cubren con este dinero.
Los gastos incluyen la cancelación de los sueldos a 22 guardias de seguridad y un inspector, dos recaudadores, un inspector de higiene y seis personas que se encargan del aseo de las calles y el mercado.
También se invierte en el pago de las planillas de energía pese a que la Empresa Eléctrica de Manabí (Emelmanabí) establece que existe una deuda y reconoce la existencia de conexiones clandestinas.
Cuenca alega que había una deuda de 14 mil dólares y que parte de ese dinero ya fue cancelado. “Ahora debemos 400 dólares”, explica el dirigente.
Otro problema es el pago del agua. En la planta baja del mercado, donde se expenden las carnes, no hay medidores.
Allí los comerciantes compran a tricicleros el líquido para asear la zona, mientras que Cuenca asegura que “destinamos 150 dólares al mes para comprarle agua al Cuerpo de Bomberos y limpiar”.
Censo
Son 650 comerciantes con puestos estables registrados en el último censo hecho hace dos años. La Municipalidad actualizará este dato.
Extensión
El mercado cubre ocho cuadras donde el tráfico se torna caótico por la presencia de informales en las veredas.