- MAR. 30, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Las historias de la escopolamina y el guanto han inundado las crónicas policiales y rojas de los noticieros durante los últimos años. Los casos de las personas que dicen haber tomado alguna bebida o simplemente haber tocado un papelito o que simplemente les abordaron en la calle y después perdieron la voluntad para someterse a la crueldad de los criminales han saltado a las pantallas de nuestras casas por oleadas sucesivas.
De esa forma se alimenta el miedo a tomarse algo en un bar, andar por la calle, recibir una hoja volante. El pánico ante el extraño. El temor al otro. Siempre me he preguntado, ¿qué sustancia tan poderosa puede haber para que convierta en zombies solo con el toque de un papel?
Hasta ahora, en los noticieros solo habían sido fieles reproductores de las historias, sin dedicarse a investigar en serio si la escopolamina tiene efectos tan potentes. Y era tan sencillo como lo que hizo Mario Guayasamín, de Televistazo.
Fue a un laboratorio, aspiró directamente un pañuelo con esa sustancia y vio que no pasaba nada. Después consultó a científicos, técnicos y policías, poniendo en evidencia que no sabían casi nada sobre cómo actúa la escopolamina, sus efectos y por último qué sustancia realmente utilizan los malhechores para someter la voluntad de las víctimas.
Así de sencillo: no quedarse en las versiones, solo escarbar un poco la superficie.