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Jóvenes adultos |
Marzo 29, 2007
Jorge Barraza | jbarraza@sinectis.com.ar Ecuador recibió un golpe fuerte: la Sub 17 perdió 5-2 ante Brasil y la mayor 3-1 frente a EE.UU. Sirve para poner los pies sobre la tierra. Las dos clasificaciones a mundiales redoblaron la exigencia.
Un juego adulto, ordenado, con marcado sentido táctico y jóvenes de buen desarrollo físico, aunque de escaso desenfado. Ese fue el fútbol que vimos en el reciente Sudamericano Sub 17 que hospedó Ecuador. Coherente con el marco, Brasil resultó un campeón merecido, sólido, eficiente, mas no escapó de la “seriedad” general.
El mismo Lula, amplio goleador del torneo, es un antihéroe. Como Kaká y Ronaldinho, también él lleva el número 10 en la espalda, pero sus características son muy diferentes: no es organizador de juego como el crack del AC Milan ni posee la fantasía de la estrella barcelonista. Lula es un talento responsable con letal poder de definición.
Su juego es todo sencillez y practicidad. “Futebol e simple, toca e vai buscar a bola”, proclama con la misma simplicidad que pregona. “El técnico Édgar Pereira me dice que el fútbol hoy no da para driblar mucho, porque se reciben golpes y lo paran fácil a uno”.
Cuando Rafael se proyectaba al ataque, Lula le hacía el relevo en la marca. La estrella cubriendo al lateral derecho. Y lo hacía aplicadamente, como un japonés.
Lula es el reflejo perfecto del espíritu que animó este torneo. Que no pareció de chicos de 16 o 17 años. Esto tiene dos lecturas: 1) el juego es mucho más estructurado que antes, hay mejor preparación y más conocimiento. Si hace veinte años largábamos a 22 chicos al campo, salían corriendo en todas las direcciones como ardillitas que escapan de una bolsa. 2) falta frescura, alegría, atrevimiento. Son chicos grandes.
Es la tónica que domina el fútbol mundial. Y no podemos culpar a nadie. Hace décadas que venimos reclamando trabajo serio, aplicación táctica. Pues, aquí está.
En ese contexto, hubo un feliz “intruso”, el peruano Reimond Manco. Llegó, desenrolló un brillante repertorio de gambetas, quiebres, amagues y se erigió en el jugador del campeonato, aun teniendo en cuenta a Lula y sus doce goles.
Su entrenador también le dio indicaciones. “Me dijo que de tres cuartos de cancha para atrás, la toque simple; de tres cuartos para adelante, que encare”. Y Manco lanzado en zigzag es indescifrable para cualquier zaguero. ¡Qué lindo cuando aparece un jugador así!
¿Por qué gana Brasil ocho de los doce sudamericanos Sub 17? Porque respeta su historia: sale a ganarlos. Su meta siempre es el título, más allá del poderío circunstancial. Eso se llama grandeza. Asimismo, no traiciona jamás la esencia del futbolista brasileño, que es eminentemente ofensiva.
El lateral izquierdo Fabio marcó siete goles en nueve partidos, un récord mundial sin duda alguna. En cada jugada llega al área rival a definir. Al técnico Édgar Pereira, o al que esté de turno, nunca se le ocurriría darle la clásica y nefasta indicación: “No pases la mitad de la cancha”.
Por eso anotan goles. Y porque anotan goles salen campeones. Brasil marcó 29 en nueve partidos: 3,22 por juego.
Ecuador recibió el domingo pasado un golpe fuerte: 5-2 la Sub 17, 3-1 la Selección mayor. Sirve para poner los pies sobre la tierra. Las dos clasificaciones mundialistas redoblaron la exigencia y dispararon el exitismo. Moraleja: hay que seguir evolucionando.
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