- MAR. 26, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Con Miss Ecuador pasa un fenómeno curioso y contradictorio: el concurso, con las candidatas como centro, despierta año tras año mayor interés popular, cuando hasta hace poco se lo consideraba apenas algo más que un divertimento elitista.
Basta ver lo que sucedió en las visitas de las chicas a Ambato, Cuenca, Loja y Machala para darse cuenta que la gente de todos lados sigue con atención el concurso. No solo eso, el ambiente festivo, de barras, globos y carteles en la noche de la elección creó un toque carnavalesco que se contrapuso con la intención de gala y glamour que la organización intentó para el acto. Aparentemente contradictorio, más bien complementario: los símbolos de la belleza y el poder como un tema aspiracional.
El show de televisión tiene la misma ambivalencia. Si bien cada año mejora la producción, la falta de conceptos para el montaje del espectáculo es alarmante.
Por eso el poco criterio para armar el show artístico con un pastiche que va de la batucada brasileña al cantautor de reality, pasando por el grupito pop que repite sus éxitos de teleserie por enésima vez. O el nulo sentido estético (más allá de mostrar paisajes y poner en poses provocativas a las candidatas) al momento de fotografiar (tanto en movimiento como fijo) a las aspirantes.
El resultado es el del jueves: un show de televisión emotivo, de buen ritmo, pero con poco que destacar más allá de lo anecdótico.