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Edición del DOMINGO 25 de Marzo del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Los cebiches donde Tere
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Texto: Epicuro | epicuro@eluniverso.com

El sitio es minúsculo pero intenso. Es el imperio de Tere Roditti. Si buscan aquel apellido en Google, su computadora les indicará que hay Roditti por todas partes en el mundo; unos cuantos han llegado a ser famosos.

Tere no desmerece pues resulta ser capítulo aparte: voz ronca que se ríe con ganas o truena según el estado anímico o la marcha del negocio.

Una que otra mala palabra puede brotar, de estas inocentes que buscamos de niños en nuestro primer diccionario. Más allá de la mujer optimista a ultranza, sospecho que  existe un corazón extremadamente sensible, alma amigable,  vida interior algo secreta, pero en su cebichería, Tere quiere ser sencillamente la alegría de vivir. Ya no discutiremos si se debe escribir cebiche o ceviche ya que el diccionario, en sus últimas ediciones, acepta ambos términos. Tolera incluso seviche y sebiche, así que todo el mundo está contento. Resulta imposible errar en la ortografía.

Los Cebiches: un sitio que no impone una fachada vistosa. En Urdesa Central, junto a El Bodegón y el Banco de Guayaquil, ofrece una pequeña puerta por la que se accede a una sala pequeña de poquísimas mesas, un bar, ambiente cálido a cargo de Doña Tere sentada en una mesa, saludando efusivamente a sus clientes, pues casi todos se han convertido en amigos.

Un montón de fotografías habla de quienes han pasado por este lugar: caras conocidas, políticos, artistas, banqueros y otros anónimos de misma importancia para quienes capitanean la picantería. Si no está Tere, está Michelle, la nuera. Siempre hay quien atiende con amabilidad.

El sitio tiene muchos años de vida y se ha vuelto una tradición, un “must” como dicen los aniñados. Epicuro llegó allí cuando se estaba festejando un cumpleaños, lo que le valió una atención insólita pues acompañó el piqueo con unas copas de espumante. Ustedes optarán probablemente por  la cerveza, aunque un Sauvignon blanco bien frío combina de maravilla, mucho más que un Chardonnay desde luego.

Si les tienta un cebiche, prueben el mixto (camarón, calamar, ostra, pescado, cangrejo, pulpo, concha). Si les apetece un piqueo al ajillo, tendrán el mismo surtido de mariscos. Igual suerte  con la sopa marinera o el  plato de espagueti, la cazuela marinera. Todos los platos que llegan con la gama completa  de  crustáceos tienen el mismo precio: $ 8.

Desde luego hallarán del mismo modo los carapachos rellenos  (de sal o de dulce), las conchitas asadas o a la parmesana, la crema de cangrejo (sopa un poco demasiado espesa para nuestro gusto, pero de buen sabor).

Los Cebiches, sitio original, tiene la personalidad de su dueña, así como un bistró de París. ¡Qué bueno es encontrar este tipo de lugar donde uno puede sentirse en casa! Nada de ambiente frío, impersonal, cuando uno se siente uno más del montón. Quien entra donde Tere se convierte en amigo y se lo atiende como tal. Es lo que se suele llamar atención personalizada. Se conversa de una mesa a otra.

Para los guayaquileños, el cebiche del mediodía es como el aperitivo de los franceses: un pretexto para picar algo, beber una copa, conversar mucho. Y no se preocupen si se les acaba la inspiración. Como conversadora, Tere tiene cuerda para largo y su risa estentórea es eminentemente contagiosa.


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