- MAR. 21, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
“Los cuestionamientos al invitado los hago yo” fue el mensaje claro que lanzó Carlos Vera a su audiencia antes de empezar la polémica entrevista con Jaime Nebot.
Todos estaban advertidos, incluso los invitados. Así y todo, la primera pregunta al Alcalde de Guayaquil (“¿Por qué el ataque a la unidad de la provincia del Guayas no fue lo suficientemente importante para que usted interrumpa un par de días sus vacaciones?”) provocó que Nebot rompiera las reglas y contestara preguntando, “¿Por qué reaccionó usted diciendo que no quiere que Chone sea provincia y se divida Manabí?”.
Ardió Troya. Vera se levantó y le pidió al Alcalde que intercambiaran puestos y roles, bajo un inquietante argumento: “Tengo ganas de responder algunas cosas, hace rato estoy cansado de preguntar”. Al final, Nebot renunció a preguntar, Vera no pudo darse el gusto de responder y todos volvieron a sus puestos.
En efecto, no hay nada más molesto y perturbador para un entrevistador que le respondan con otra pregunta. En el formato de Vera, el de las entrevistas confrontativas en donde la idea es tener la sartén por el mango, se trata de una cuestión vital: al devolver la pregunta, el entrevistado intenta desarmar al entrevistador y ponerlo bajo ataque. La reacción de Vera consistió en devolver el ataque con una contraofensiva que puso al entrevistado en aprietos, todo mientras el entrevistador se relajó y confesó que estaba cansado de preguntar, que quisiera hacer las veces de entrevistado.