- MAR. 20, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Los vídeos de unas niñas de Tulcán desnudándose por efecto del alcohol o de una pelea callejera fueron divulgados por televisión nacional
(Ecuavisa) en extenso y reiteradamente. Fueron escandalosas imágenes violentas que involucran a unas niñas supuestamente protegidas bajo el recurso insuficiente e hipócrita del difuminado sobre pechos desnudos y rostros.
¿Alguien puede pensar que tras la difusión de las imágenes en televisión nacional, horario estelar y destaque informativo las adolescentes de los vídeos –finalmente, niñas en situación de riesgo- puedan retomar su vida normal, ir al colegio, pasear tranquilamente por las calles? ¿Esas niñas no serán acompañadas por las murmuraciones de “allí está la que apareció en la tele desnuda”, o “miren a esas dos que se arrancaron los pelos en el noticiero”?
Aún si las imágenes hubieran tenido el interés de denunciar los riesgos de los niños y adolescentes de la descomposición familiar y social en las zonas de frontera, no hubiera sido justificable emitir –una y otra vez- el vídeo de una niña desnuda. Como no hubo esa pretensión periodística, la difusión es todavía más injustificable. En la adrenalina de la imagen de impacto, la noticia sensacional, los periodistas muchas veces olvidamos que todo lo que hacemos tiene un impacto real en la vida de personas reales. Que en casos como estos, lejos de proteger a las víctimas se las expone más, se las torna doblemente víctimas. Y es que el periodismo mal usado puede convertirse en un patíbulo.