Domingo 18 de marzo del 2007 El Gran Guayaquil

Una vida consagrada al plan de Dios es una experiencia de vida plena y total

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Carlos Muñoz Gallardo en su trabajo apostólico diario en Guayaquil.

Carlos Muñoz Gallardo dejó las comodidades y los lujos que tenía para dedicarse, en cuerpo y alma, a trabajar por los demás y tratar de “cambiar el mundo” a través del apostolado y la oración.

Humanamente hablando tenía todo en la vida: una carrera universitaria, un trabajo en una multinacional y una linda novia costarricense con quien había empezado a hacer planes de boda. Pero un día tomó la decisión de dejarlo todo y seguir el llamado de Dios, para cambiar el mundo y trabajar por los demás.

Carlos tenía 18  años cuando se acentuó en él una inquietud social que lo había llevado a trabajar como misionero en Guamote, provincia de Chimborazo, durante tres meses después de haber culminado sus estudios secundarios en el Cristóbal Colón. “Esa experiencia me marcó y sentía que tenía que hacer algo más por los demás”, dice alegremente, al recordar cómo empezó a surgir en él este “llamado” que sintió en el corazón.

Trabajando para la multinacional Procter and Gamble en Lima, Perú, un día hizo una parada a sus actividades, en una capilla, para hacer una oración y leyó una frase del evangelio de San Lucas que cambió su vida para siempre. “La mies es mucha, pero los obreros son pocos”. Salió de la iglesia y fue en búsqueda de su jefe a presentarle la renuncia. Él es ateo y no entendió lo que Carlos quiso explicarle.

No comprendía cómo alguien podía abandonarlo todo para seguir un llamado espiritual. Trató infructuosamente de convencerlo aumentándole el sueldo, pero todo fue en vano. Carlos estaba decidido a seguir a Dios, pero todavía no sabía cómo ni dónde.

En esos momentos llamó a un amigo que tenía en Perú y le comentó sus planes. Este le habló acerca de la obra de los Sodalicios, un movimiento católico cuya espiritualidad encajaba perfectamente con lo que Carlos buscaba, y decidió consagrar su vida a este grupo. “El movimiento busca parecerse a la espiritualidad de la Virgen María y colaborar con Cristo para mejorar el mundo, somos 100% apostólicos”, recalca Muñoz.
A pesar de su alegría interior, por la decisión tomada, sabía que venía la parte más dura: comunicarle sus planes de vida a sus padres y a su novia. Ella lo tomó bastante bien: “Contra Dios no hay cómo luchar”, le dijo.

Pero con sus padres fue un poco más difícil. Carlos es hijo de un importante empresario guayaquileño del mismo nombre y que, como la mayoría de los padres, quiere para su hijo lo mejor. Ellos tenían expectativas por él y no pasaban puntualmente por una vocación religiosa.

Sus padres atravesaron por un “proceso de maduración” que los llevó desde la sorpresa, al principio, pasando por una leve resistencia, hasta llegar a la comprensión. “Esto quiero recalcarlo bastante, porque la ayuda de mis padres fue y sigue siendo básica en todo momento. A ellos les costó mucho, pero la actitud de respeto que tuvieron siempre y luego la forma como se involucraron positivamente en lo que yo hago fue muy importante para mí”, reflexiona Muñoz, que envía un mensaje a los padres para que no se resistan a que sus hijos sigan el llamado de Dios.

Culminó en el 2001 sus estudios en el seminario de Lima y regresó al Ecuador a trabajar con los pobres y los jóvenes. En el 2004 hizo su promesa como laico consagrado ante monseñor Antonio Arregui, arzobispo de Guayaquil, en una ceremonia muy emotiva y frente a sus padres.

Desde ese momento su vida cambió para bien, comenta, así como su actitud frente a la vida y al futuro. “Cada año me maravillo más de lo grandioso que Dios es con nosotros. Si tú le das 10, Él te devuelve 100”, concluye Carlos, convencido de lo que dice.

Perfil

EDAD

35 años

ESTUDIOS
Cristóbal Colón, Guayaquil.
Universidad George Washington, Estados Unidos. Título en Finanzas y Psicología 1994.
Seminario Mayor en Lima, Perú, 1996 - 2001.

APOSTOLADO
En el 2001 hizo su Profesión Perpetua, que es un compromiso para siempre de plena disponibilidad apostólica en el Movimiento Sodalicio. El compromiso es de obediencia, celibato y comunicación de bienes. A partir de allí vive en comunidad con ocho personas más entre laicos consagrados, como él y sacerdotes.

“Dios no quita nada y lo da todo. Esta frase resume mi vocación: nunca he tenido una experiencia tan grande de amor como con mi llamado”.

“Debemos reconciliarnos con Dios, con nosotros mismos, con los demás y con la naturaleza”.

“La vocación es un llamado de Dios a hacerte feliz. Es una experiencia de plenitud”.

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