Las causas de fondo por las cuales los estudiantes generalmente se ven abocados a la pérdida del año y sus funestas consecuencias son: desnutrición y falta de planificación en la dieta alimenticia, falta de compresión y diálogo con sus padres, incapacidad cultural de los padres, traumas prenatales y psicológicos durante la infancia y adolescencia, métodos de enseñanzas inadecuados.
Es conocido que los bajos salarios de los padres no permiten cubrir las necesidades más elementales como son alimentación, vivienda, salud y educación de los hijos. Con un sistema pobre de alimentación, ¿está el educando en condiciones de asimilar las enseñanzas de sus maestros, y captar el contenido de los textos de estudio?
Por otra parte, el niño desde que nace necesita el estímulo de su madre, que se inicia con la lactancia y luego la protección, el cuidado, el amor, el juego..., lo cual trae una recíproca compensación de parte del párvulo, por ende, los primeros sentimientos de afecto de los hijos para con sus padres.
Cuando el hogar de los estudiantes ha tenido esa prioritaria e indispensable acción recíproca entre padres e hijos, entonces sí, el terreno está preparado para el diálogo, mediante el cual con una amena conversación acompañada de hábiles interrogaciones, los padres podrán descubrir en sus hijos los problemas que le obstaculizan el real y normal desarrollo de los estudios.
Sobre la incapacidad cultural y científica de los padres, es innegable que los padres son los primeros maestros de sus hijos, pero, surge el interrogante, ¿están preparados? Lamentablemente la respuesta suele ser negativa a todo nivel, es decir que las capas sociales inferiores, medias y superiores, dando muchas veces como resultado un completo caos en el aspecto, moral social y material, prueba de ello es la formación de las pandillas juveniles. En cuanto a los traumas prenatales, problemas psicológicos durante la infancia y la adolescencia, esto ocasiona conflictos al niño y no rinde en los estudios.
Y acerca de los procesos de enseñanzas en métodos de evaluación inadecuados, en este aspecto, desafortunadamente, tenemos que referirnos a la incapacidad profesional de profesores improvisados, sin vocación, irresponsables, para quienes no existe la planificación de las clases, ni la verdadera jerarquización de los valores humanos, peor la medición y control de los procesos intelectuales psicológicos y mentales de los alumnos, con el fin de desarrollar una educación integral como lo exige la convulsionada época moderna.
Augusto Muñoz R.,
profesor, Guayaquil