Es muy injusto el trato que reciben las personas discapacitadas en nuestro Ecuador. Desde su niñez son discriminadas por muchos, comenzando algunas veces por sus propias familias que las esconden, no les dan educación, y las tratan como si fuesen “objetos” sin valor.
Es como si cojear, andar en silla de ruedas, no poseer extremidades superiores o inferiores, tener parálisis o cualquier otro problema físico fuera sinónimo de algo malo. ¡Qué absurdo! Cualquier persona que posee cinco sentidos y que en todo momento esté consciente de sus actos, tiene derecho a ser tratada como un ser humano normal, capaz de desarrollar su personalidad e inteligencia, sin importar el problema físico que tenga.
Yo presento un problema físico visible a simple vista que aparentemente me hace diferente a los demás, y este ha sido el motivo de que a pesar de poseer dos títulos superiores, no me han querido dar un trabajo digno con un salario justo. Al igual que yo, existen muchas personas discapacitadas que han estudiado y que no consiguen un buen empleo. Esto es algo que no tiene lógica, ya que si las personas como nosotras hemos logrado superar tantos obstáculos para obtener un título universitario, sería razonable que la sociedad, sobre todo, los empresarios ecuatorianos, creyeran en nosotros, nos recompensaran por nuestro esfuerzo otorgándonos una oportunidad laboral digna y con un salario justo.
Los seres con problemas físicos son excelentes estudiantes, y por ende, excelentes trabajadores; como se evidencia en muchos países europeos.
Fue una enorme sorpresa para mí cuando me enteré por la prensa que quien había ganado las elecciones como Vicepresidente de la República era un caballero profesional discapacitado. ¡No lo podía creer! Entonces pensé, la noche larga y oscura que las personas discapacitadas habían tenido que soportar durante toda su existencia, al fin ha acabado, pues habemos muchos esperanzados en que en el vicepresidente, Lenin Moreno, dicte leyes que mejoren la calidad de vida de nuestra clase y nos permitan trabajar en función de nuestras capacidades intelectuales, acabando de esta manera la incomprensión y la marginación que en el Ecuador hemos soportado durante toda nuestra vida.
Mariuxi Zambrano Alvarado,
licenciada, Zaruma, El Oro