- MAR. 05, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
En los tiempos que corren, hay quienes niegan que los medios de comunicación cumplan algún papel formador o educativo en la sociedad. “No nos corresponde”, dicen y miran a otro lado.
Es difícil admitir algo así, ante estudios reveladores sobre niños con más horas de televisión en su día que las dedicadas a la escuela. O ante la evidencia de que la principal herramienta de los adultos para conocer y reconocer el mundo es la pequeña pantalla.
Más allá de lo que sostengan unos y otros, están los hechos. Y es un hecho que un programa como el País que Queremos, de Gamavisión, tiene una estructura rígida, una preferencia por invitados con ideas ortodoxas, poco estimulantes, nada refrescantes, pero que con todos esos defectos es un ejercicio político pedagógico muy importante.
Para los mismos reporteros, en principio. Porque imaginen cómo será de aliviante para un periodista que lo saquen del tráfago de la política cotidiana-rutinaria y lo pongan a investigar sobre el parlamentarismo como forma de gobierno y cuestiones similares.
El ejercicio, por supuesto, también aporta a la cultura política de los televidentes, pero lo esencial es que lo hace con quienes deben manejar el material sensible de la información diaria.
Hay otros experimentos desperdiciados (una pena). La gente nueva de Carlos Vera es un espacio que poco a poco se ha ido apagando, como un día de brumas.