- FEB. 28, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Pese a la decepción que para los latinoamericanos significó que solo se haya premiado a Guillermo del Toro, González Iñárritu o a Alfonso Cuarón con galardones técnicos y secundarios, la ceremonia de los Oscar tuvo un encanto que había perdido en años anteriores.
¿Por qué? Hubo una puesta al día estética, pero más que nada atmosférica. Como anunciaron Leo DiCaprio y Al Gore, la entrega de los Oscar se puso “verde”, en otras palabras se ajustaron ciertos parámetros de uso de la energía para que sea más amigable con el medio ambiente. Pero no solo eso, la ceremonia tuvo un cariz más amable, menos rimbombante, sin excesos de puesta en escena y con escasas muestras de ese humor tan estadounidense que a veces se vuelve difícil de entender para el resto de mortales.
Momentos memorables como la misma presencia de Al Gore (y la broma sobre el lanzamiento de su candidatura) y el Oscar para su “Verdad inconveniente”. El segundo Oscar para Gustavo Santaolalla. Y, más que nada, el reconocimiento (al fin) a dos personalidades tan importantes para el cine como Ennio Morricone y Martin Scorsese fueron los momentos más memorables de una gala que llega a 700 millones de personas por TV.
La transmisión de Teleamazonas no tuvo mayores contratiempos. La traducción de Paul Williams fue solvente, en tanto que Mónica Reyes perdió el hilo de las frases con mucha frecuencia. Pero si se compara con lo que presentó TNT (en unión a CNN en Español) estuvo a la altura.