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Cerebro humano detecta un rostro en todas partes

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Un pirogi, se parece a Jesucristo.
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Febrero 25, 2007

Por ELIZABETH SVOBODA

Hace más de una década, Diana Duyser, de Hollywood, Florida, recibió un mensaje religioso a través de un medio insólito: un sandwich de queso fundido que ella misma había preparado. Mientras veía las marcas cafés del sartén sobre la superficie del pan, un rostro conocido se formó frente a sus ojos.

"Vi un rostro que me miraba; era la Virgen María", le dijo a reporteros en 2004. "Quedé totalmente impactada".

Después de guardar la rancia reliquia durante diez años, Duyser la puso en venta en el sitio de subastas eBay. La subasta generó tanta emoción que el sandwich finalmente se vendió por 28 mil dólares, lo que demostró que no era la única en ver un rostro donde razonablemente no debería existir ninguno.

Tales rostros volvieron a acaparar los titulares poco antes del fin de 2006, cuando Mars Express, orbitador de la Agencia Espacial Europea, capturó las imágenes tridimensionales de mayor calidad a la fecha de lo que parece ser un rostro en la región de Cydonia en Marte.

¿Por qué vemos rostros en todas partes donde posamos la vista: en la Luna, en manchas de tinta, en los patrones de interferencia en la superficie de derrames de aceite? ¿Por qué algunas papas fritas son la viva imagen de Fidel Castro y por qué un rollo de canela con un llamativo parecido a la Madre Teresa fue guardado durante años bajo una cubierta de vidrio en una cafetería de Nashville?

Mucho antes de que hubiera oído hablar del sandwich de queso fundido de Diana Duyser, Doris Tsao, neurocientífica de la Universidad de Bremen, en Alemania, tenía idea que la gente podría procesar los rostros de manera diferente al resto de los objetos. Su sospecha era que un área en particular del cerebro da prioridad a los rostros.

"Algunos pacientes tienen derrames cerebrales y luego son capaces de reconocer todo perfectamente bien, a excepción de los rostros", comentó Tsao. "Así que comenzamos a preguntarnos si de verdad podría haber un área en el cerebro dedicada al reconocimiento de rostros".

Tsao usó imágenes de resonancia magnética funcional para registrar las áreas del cerebro que se activaban cuando se les presentaban diversos estímulos a monos macacos, como frutas, aparatos, diseños revueltos y rostros. Descubrió casi de inmediato que había grupos de células en tres regiones del lóbulo temporal del cerebro, que parecían estar muy sensibilizados a los rostros.

"El primer día que instalamos el electrodo, fue impactante", afirmó Tsao. "Célula tras célula respondía a los rostros y no respondía en absoluto a otros objetos".

La investigación de Tsao produjo un sorprendente hallazgo relacionado: las áreas del cerebro que había identificado como específicas de los rostros se encendían ocasionalmente en respuesta a objetos que sólo guardaban un parecido superficial a rostros.

Pawan Sinha, científico cognitivo del Instituto Tecnológico de Massachusetts, ha dedicado años de investigación a entender qué atributos activan esos estímulos específicos de los rostros. El software de seguridad que está en proceso de ser desarrollado para identificar a terroristas potenciales o detectar intrusos debe ser capaz de reconocer rostros.

En el proceso de enseñarle al software a hacerlo, Sinha y sus colegas han encontrado elementos inesperados para comprender por qué a veces vemos un rollo de canela como un rollo de canela y otras veces como la encarnación terrenal de una monja santificada.

Cuando la computadora acumuló información acerca de diversos rostros, pudo descubrir relaciones que eran de mucha importancia para casi todos los rostros, pero para casi ninguna otra cosa que no lo fuera. "Son relaciones sencillas, cosas como que los ojos siempre son más oscuros que la frente y la boca es más oscura que las mejillas", comentó Sinha. "Si uno junta unas doce de estas relaciones, tendrá una plantilla que se puede usar para ubicar un rostro".

De vez en cuando, la computadora emite una falsa alarma. "Ésta es una buena analogía para lo que podría hacer el cerebro humano", dijo Sinha. "Al igual que la computadora, intenta determinar cuáles son las regularidades en todos esos rostros para crear un prototipo. Pero este prototipo no es perfecto. A veces rostros genuinos no encajan en estas regularidades y cosas que no son rostros sí las satisfacen".

Es decir, si resulta que el patrón de áreas claras y oscuras en una vaca corresponde con nuestro concepto de cómo debe verse un rostro, podemos interpretar la coincidencia como una aparición de Jesucristo.

Mientras que la tendencia humana de ver rostros en otros objetos tiene sus raíces en la arquitectura neural, la gran cantidad de rostros auténticos que vemos cada día podría ser parcialmente responsable del fenómeno de la monja en el rollo de canela, dijo Takeo Watanabe, neurocientífico de la Universidad de Boston. Sus estudios sobre los procesos de aprendizaje muestran que después de que el cerebro es bombardeado con un estímulo, lo percibe aún cuando no está presente.


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