- FEB. 23, 2007 - Foto - La Caja - EL UNIVERSO
Hace unos días, un amigo, joven profesional urbano, me dijo: “Ya no veo noticieros por la mañana. ¿Y sabes una cosa?, siento que mi calidad de vida aumentó drásticamente”.
Lo miré con una combinación de conmiseración, perplejidad y envidia. Carnaval fue un buen momento para desintoxicarse de noticieros matutinos, y lo que dijo mi amigo resultó cierto; por eso el choque del miércoles con la TV se volvió execivamente fuerte.
Es casi una obviedad decir que el principal escenario de lo político en nuestra época es la pantalla de televisión. Por allí pasan los actores y los debates, lo cual se hace más evidente en las mañanas, cuando políticos y periodistas se entremezclan en un todo.
Si se quiere una apreciación, la política por televisión es inquietante, deprimente, aterradora: desde la derecha se juega con un discurso del miedo (Gloria Gallardo muestra planes secretos y conspiraciones por Cable Noticias, Alfonso Harb relata todos los monstruos que saldrán de la Asamblea por Teleamazonas).
Desde la izquierda, todo es complots y pactos oscuros (Eduardo Delgado en Ecuavisa). ¿El centro? Por ahora equivale a la falta de definiciones (Mae Montaño con Jorge Ortiz).
¿Y los entrevistadores? Son quienes echan gasolina al fuego, para así consumir diariamente espacios que debieran ser para el debate sensato, sobre hechos y no sobre los propios fantasmas de quienes aparecen en pantalla.