Después de siete años el dólar sigue siendo popular. Por eso, aunque en sus días académicos el presidente Rafael Correa atacaba a la dolarización, ahora que está en la política, ha dejado de hacerlo.
Reconozcamos que el presidente Correa recibe una economía en mejor forma y que esto en gran medida se debe a la dolarización y al precio alto del petróleo. Atrás quedaron la inflación y las tasas de interés por los cielos.
Con la dolarización se volvió evidente que a nuestra economía le falta una gran dosis de productividad y competitividad.
Muchos ecuatorianos comenzaron negocios para los que ahora sí pueden planificar a largo plazo. Rosa Guamán, por ejemplo, conformó Jambi Kiwa –una empresa lucrativa que exporta té medicinal y aromático– con 450 campesinos.
La Fundación Eloy Alfaro (Quito) reporta que gracias a la estabilidad económica “en los últimos cuatro años más de medio millón de microempresarios y productores han constituido pequeños negocios, de los cuales dependen aproximadamente 5,2 millones de personas”.
La situación del ecuatoriano promedio ha mejorado puesto que tanto la indigencia como la pobreza han disminuido considerablemente, al tiempo que se ha reducido el desempleo.
Sin embargo, el presidente Correa dijo durante la primera vuelta electoral que “la dolarización es el error económico más grande que el Ecuador ha cometido”. Con los desfavorables resultados que obtuvo en la primera vuelta, aprendió la lección: no se gana votos atacando al dólar.
Pero eso no significa que las autoridades hayan cambiado su forma de pensar ni que aunque ahora parezcan respaldar la dolarización, sus acciones no conducirán a su eventual desmoronamiento.
Últimamente se ha pintado al Congreso como el mayor obstáculo que el Gobierno tiene para realizar sus cambios “revolucionarios”. Los congresos, como los presidentes, van y vienen en nuestro país con mucha facilidad. Por eso pienso que es el dólar lo que verdaderamente limitará lo que este Gobierno (o cualquier otro) pueda o no hacer para poner en riesgo la estabilidad económica. Y es que la creación de ministerios, la duplicación del bono de desarrollo, el creciente costo de los subsidios al combustible y al gas, y la extensión de los créditos agrícolas no saldrán gratis. Solo hay tres formas impopulares para financiar estas medidas: endeudarse más, aumentar impuestos, o encaminarse hacia una salida del dólar, que no sería ordenada.
Y esto ya ha comenzado a suceder. Nuestro Gobierno muestra intenciones de declarar una moratoria y contraer una deuda más, solo que esta supuestamente sí es aceptable porque viene de Venezuela (no importa que su tasa de interés sea casi tres veces mayor).
Además, para cumplir sus promesas de campaña (duplicación del bono de desarrollo, reducción del IVA, 200 millones de dólares más para educación), Simón Cueva, de Cordes, calcula que se requerirán 1.200 millones, sin tomar en cuenta atrasos que superan los 700 millones.
El nuevo Gobierno ha negado querer desdolarizar y emitir una nueva moneda. Sin embargo, la dolarización requiere de buenas instituciones y de disciplina fiscal. Una vez que se erosionen estos elementos, la dolarización podría caer como castillo de naipes.
Siguiendo los métodos del Presidente, por qué no le consultamos al pueblo, además de si quiere una Asamblea Constituyente, lo siguiente: ¿Desea que se mantenga el dólar o que sea reemplazado por una moneda manejada por los políticos?