Cualquiera que sea el nombre que se le dé a este subsidio, no contribuye al desarrollo de nada ni de nadie, porque lo único que hace es fomentar la pobreza y la desocupación.
Desde 1998 el número de subsidiados ha crecido sin evaluación y sin control de ninguna autoridad, lo cual propicia la corrupción.
Sería importante para el país conocer el monto destinado a este propósito en todos estos años, que superarán los mil millones de dólares, si anteriormente se presupuestaban doscientos millones de dólares anuales, ahora va a ser el doble. Con esos recursos cuántos programas de vivienda se podrían haber ejecutado para solucionar una necesidad tan sentida de los ecuatorianos, que llegó al colmo de constituir ofertas de campañas. Con dichos fondos fácilmente se hubieran construido más de 150.000 viviendas.
A diario escuchamos quejas de que son miles de subsidiados que denuncian que se los ha sacado de las listas de captadores del bono, y nos preguntamos, ¿a dónde va ese dinero? Ahora van a ser más 1’200.000 subsidiados con recursos públicos, y se estima una cifra que supera los 400 millones de dólares anuales.
La Contraloría del Estado no ha realizado ningún examen especial a la administración de estos fondos, analizando requisitos, destinatarios, montos pagados, filtraciones por la corrupción, comisiones que se pagan a las instituciones del sistema financiero que proporcionan el servicio de pago, etcétera, que permita conocer a la ciudadanía el destino y manejo de estos recursos públicos.
Gustavo Chiriboga Castro,
Guayaquil
Por gestión de la Defensoría del Pueblo de Guayaquil se me ha pagado el bono solidario que había sido suspendido desde hace siete años, pues solo lo recibí durante los seis primeros meses, ya al séptimo me lo negaron argumentando que yo cancelaba elevadas tarifas de luz; lo cual lo desvirtué con el certificado de la Empresa Eléctrica que indicaba que yo no poseía medidor de luz.
He insistido en reclamar mi bono, pero siempre me lo habían negado hasta que a los siete años de esa mora me lo reconocen por haber sido uno de los primeros inscritos en la iglesia San Francisco de esta ciudad. Demando que me cancelen el monto correspondiente al tiempo de siete años.
Camilo Arellano Almeida,
Guayaquil
Las personas de cobran el Bono de Desarrollo Humano son muchos discapacitados, ancianos, madres de familia, y gente que ya tiene un trabajo, pero no les alcanza el dinero y con eso logran completar el presupuesto para comprar medicinas o para alimentar a sus hijos.
¿Por qué nos duele que a los pobres se les dé algo? Cuando a los burócratas les dan bonos navideños o algún otro beneficio merecido o inmerecido, a nadie se le ocurre pensar que los están humillando. Ojalá los próximos gobernantes puedan triplicar o quintuplicar ese bono.
Vilma Castillo Villafuerte,
Quito