H. Raúl Ramírez Orellana,
Guayaquil
¿Que la estructura política del país requiere de cambios? ¡Por supuesto que sí!, pero no podemos buscar los cambios que –según algunos pronostican, será la solución a la falta de empleo, de atención en salud, de control a la corrupción...– con la conformación de una Asamblea Constituyente, utilizando violencia, imposiciones, fuerza, irrespeto, anarquía...
¿Cuál sería entonces su finalidad, y bajo qué parámetros estará derrumbada? ¿Aquel resultado, como contenido de esa nueva Constitución, a través de las reformas de esa Asamblea, sería el verdadero modelo-país que requiere nuestra patria, o vamos simplemente a ser el clon de otras naciones que difieren del nuestro hasta en su composición geográfica, y que cada uno de nosotros no tenemos nada que envidiarles?
¡Cuidado!, que esto no sea solamente novelería política de quienes con buenas intenciones o no, creen ser los “salvadores” de la patria. Ojalá me equivoque, estamos empezando a vivir un estado de cosas donde se avizora una lucha fratricida; donde cada quien a su manera clama por la libertad en su máxima expresión, y muy pocos razonan en función de ese valor hermoso que es la libertad. Democracia, precisamente, también es libertad.
Soy padre y abuelo, y me asiste el derecho de luchar por días mejores para los míos. Lo he venido haciendo siempre y lo seguiré haciendo, además, por los más vulnerables de mi patria; utilizando todo recurso válido y justo en su momento.
Si queremos cambios en nuestro país, si queremos reivindicar a los más pobres (este es nuestro deber), si queremos vivir igualitariamente, si queremos trabajo y pan día a día en nuestra mesa, atención en salud; si en verdad queremos una patria libre, próspera, soberana, y desterrar aquella podredumbre llamada corrupción; si en verdad decimos amar a la nación como a nuestra propia madre, entonces no nos irrespetemos ni anarquicemos el país, no atropellemos el derecho de los demás so pretexto de reivindicar los nuestros.