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Edición del DOMINGO 4 de Febrero del 2007 EL UNIVERSO inicio e-mail
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La ciencia de la felicidad
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Ricardo Cevallos Estarellas | rcevallos@transport.com.ec

Aristóteles dijo que la felicidad es el único deseo intrínseco en el ser humano. Se refería a que el objetivo real de muchas de las actividades en las que se involucran las personas es llegar a un estado de mayor felicidad.

El dinero, el poder, el sexo, el entretenimiento, autos nuevos, no son más que medios hacia la felicidad. Visto así, no es descabellado que algunos científicos en los últimos años se hayan dedicado a buscar "atajos" o caminos que lleven al ser humano directamente a una vida feliz.

Se considera que el pionero en esta búsqueda es el Dr. David Segliman, quien mientras fue presidente de la American Psychology Association a inicios de esta década presentó al mundo una nueva rama de estudio: la psicología positiva (www.psicologiapositiva.org).

Los psicólogos educados en el método científico suelen considerar a la búsqueda de la felicidad como un tema algo ridículo y poco cuantificable como para dedicarle recursos para su serio estudio. Pero gracias al trabajo de Segliman esto está cambiando. Conceptos previamente reservados a best-sellers de autoayuda y líderes motivacionales, como que la verdadera fuente de la felicidad reside en el interior de cada persona, por primera vez se discuten en los altos círculos académicos.

Segliman no fue el primero en hablar de estos temas, pero por primera vez lo hizo una autoridad científica de tanto reconocimiento. Y gracias a eso, fue capaz de levantar millonarios fondos para la investigación de temas de esta naturaleza. Los resultados están dejando con la boca abierta a la comunidad científica y al mundo.

Segliman ha desarrollado lo que llamó la "fórmula de la felicidad" según la cual la felicidad es una combinación de factores genéticos (50%) y actitud positiva hacia la vida (42%). Luego de repetidos experimentos se encontró que los factores externos (como nivel de vida y salud) tienen una incidencia mínima (8%) en el nivel de felicidad en una persona.

La mejor enseñanza
La psicología positiva dice que dado que las desgracias son inevitables lo mejor es aprender cómo lograr que no nos arrebaten la felicidad. Los equipos de trabajo de Segliman investigaron específicamente la incidencia de eventos como una subida de sueldo o un televisor de plasma nuevo, o la pérdida de un ser querido. Sorprendentemente, estos factores resultaron totalmente secundarios en el nivel de felicidad de una persona, pues al poco tiempo la persona terminaba por asimilar cualquier incidente.

Encuestas realizadas en Europa demostraron que los niveles de felicidad durante los últimos 50 años se han mantenido estables, pese a que su nivel de vida ha aumentado notablemente.

Entonces, si la incidencia de los llamados factores externos es transitoria, ¿qué es lo realmente importante?  La psicología positiva da a los valores humanos validez absoluta, contrario a la psicología tradicional, que evita meterse en las arenas movedizas de la moral.

Segliman tomó el polémico tema por los cuernos y creó una lista de valores humanos comunes a todas las culturas del planeta. Autenticidad, espiritualidad, amor y generosidad son algunos de los 24 valores universales según la psicología positiva. La novedad es que la práctica de estos valores se recomienda no como obligaciones morales sino como un camino a la felicidad.

Una buena actitud
Los ejercicios para aprender a vivir diseñados por Segliman tratan de inculcar estos valores por el camino de la compasión y el amor, ambas actitudes presentes en todo ser humano pero a menudo sepultadas por miedos y prejuicios.

Llegado a este punto, es inevitable encontrar una relación entre los recientes descubrimientos de la psicología y las filosofías asiáticas de vida. Según el Dalai Lama, líder espiritual del pueblo tibetano, el verdadero sentido de la vida es la felicidad, y la fuente de la felicidad reside en llevar una vida de paz y extender los lazos amorosos más allá de familia y círculos íntimos. La gran importancia que tiene el amor para llegar a la realización, punto neurálgico de la filosofía de vida de las culturas orientales, finalmente está llegando a Occidente por la puerta grande de la ciencia.

Y esto bien podría ser uno de los artífices de la siguiente gran transformación de nuestra civilización en su evolución hacia una raza de seres más libres, auténticos y felices.

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